¿Por qué España prefiere la F1 antes que MotoGP? ¿Por qué España prefiere la F1 antes que MotoGP?

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¿Por qué España es un país más de F1 que de MotoGP, si nos ha ido mucho mejor en las motos?

La F1 levanta pasiones como pocos en España, mucho más que la MotoGP, a pesar de los éxitos históricos (y mucho más numerosos) que nos han brindado los motoristas españoles.

Por Jon Irisarri  |  03 Febrero 2022

Es curioso cómo cambian los gustos de una sociedad dependiendo del contexto sociocultural en el que se crece, donde los medios y la gente de nuestro entorno provocan que sea uno u otro deporte el que se cuela en nuestras vidas. Mientras en otros países triunfa el fútbol americano, el hockey o el béisbol, España es un país obsesionado con el fútbol... y con los éxitos.

Nadal, la selección española de baloncesto, los Hispanos... Con cada medalla, con cada trofeo, España se aficionaba a un deporte diferente, al menos durante esa semana. Es lo que tienen los torneos cortos, que crean una fuerte afición muy puntual.

Por eso, a priori es normal que cueste más engancharse al mundo del motor. Para ver un campeonato largo, ya tengo a mi equipo de fútbol amargándome cada domingo. Sin embargo, España siempre ha sido un país con una gran afición al motor desde los tiempos de Ángel Nieto. Sus 12+1 campeonatos despertaron una fiebre por las motos para toda una generación de españoles, lo que explica en gran parte la relevancia y presencia nacional en los campeonatos de MotoGP, con hasta cuatro circuitos diferentes en el calendario (el desplazamiento masivo a Jerez es ya un clásico del deporte).

Han pasado más de 50 años desde su primer campeonato, por lo que los éxitos de Ángel Nieto están difuminados en la memoria de las nuevas generaciones, que aun así han vivido una etapa dorada: en los últimos 15 años, 10 veces ha ganado un español el mundial de MotoGP.

Con estos números y esta necesidad imperiosa tan propia nuestra de apoyar al que gana (por eso una persona de Jaén es del Real Madrid) , lo normal sería pensar que las motos fueran un deporte mayoritario, y sobre todo, el primero en la lista del motor. Sin embargo, aunque tenga todos los ingredientes para ello, el plato que más gusta en España es el de la Fórmula 1, y en realidad, más allá de quien todos sabemos, no sabríamos explicar muy bien por qué. Aun así, vamos a intentarlo.

¿Un empacho de éxitos?

Joan Mir ganó el mundial de MotoGP en 2020. ¿Alguien se acuerda de ello? El dominio español tan continuado en las motos ha terminado pasando factura. Aquí nos gusta lo difícil, y hacemos todo lo posible para boicotearnos cuando nos va bien. Ganar casi diez títulos seguidos hace que la prensa se lo tome como algo habitual y no rodee la hazaña de la tradicional épica patriótica, y que el espectador medio termine aburriéndose. Esto también ha pasado con la Fórmula 1 tras el reinado de Lewis Hamilton, con más motivo todavía por ser quien es.

De todos modos, hay cosas inexplicables. El monopolio de Hamilton y de Marc Márquez han coincidido en el tiempo, y ni con esas el desapego del público español se tradujo en un seguimiento masivo de las carreras de motos. Quizás el segundo punto nos ayude a entender el motivo.

La última década en MotoGP se tiñe de rojo y amarillo. La última década en MotoGP se tiñe de rojo y amarillo., imagen de sustitución
La última década en MotoGP se tiñe de rojo y amarillo. Cordon Press

Alonso + Lobato, un tándem que puede con todo

Si las motos machacan a la F1 en éxitos nacionales y sus carreras tienen muchos más adelantamientos, ¿por qué la audiencia de Fórmula 1 en España siempre ha sido mejor, por qué ha tenido más portadas en periódicos españoles y por qué machaca en interacciones en Twitter a MotoGP? Evidentemente, la principal razón es Fernando Alonso, pero no la única. Al fin y al cabo, el piloto asturiano 'solo' ha sido bicampeón mundial (aunque podría tener fácilmente dos o tres más), un éxito innegable pero que por sí solo es suficiente a la hora de poner en la balanza ambas disciplinas.

Sabemos que en la F1 el piloto no lo es todo, y aquí queda una vez más demostrado. En España, el producto de la Fórmula 1, el pack completo, se ha vendido mucho mejor que el de las motos. En este sentido, la figura de Antonio Lobato se torna fundamental. Buena parte de la popularidad de este deporte en nuestro país se debe a sus retransmisiones. Telecinco supo jugar muy bien sus cartas en aquella época, explotando un tándem que le daba un share que competía de tú a tú con los partidos de fútbol. Esa magia nunca la ha encontrado la MotoGP en nuestro país, ni en La1 ni en Mediaset.

En el panorama internacional, sucede un poco lo mismo. La FIA vende mejor su producto que la FIM, aunque quizás sea menos atractivo. Esto se manifiesta en Liberty Media, las ventas globales de un videojuego u otro, o sobre todo en 'Drive to Survive', el documental de Netflix que ha llevado a la F1 a otra dimensión justo cuando menos espectáculo estaba dando en la pista.

Fernando Alonso, nuestro David contra Goliat particular

Ahora bien, la principal causa por la que gran parte del público español se decanta por la F1 es por Fernando Alonso. Como muchos sucesos en la historia, hay una pizca de inexplicable en todo el proceso. Alonso no era un joven demasiado abierto ni hablador. Sin duda, no era el 'padre' que es ahora. Tampoco la Fórmula 1 era un deporte de masas ni nada por el estilo, a pesar de contar con pilotos como Pedro de la Rosa o Marc Gené.

¿Qué diferenció a Fernando Alonso de otros tantos pilotos españoles que logran victorias en otras categorías del motor? No se sabe a ciencia cierta, pero lo cierto es que la 'Alonsomanía' se propagó por España a más velocidad de la que iba su Renault, y creó un caldo de cultivo entre una generación de niños y adolescentes que madrugaban un domingo para verle correr en Japón.

La marea azul o la 'Alonsomania' ha sido uno de los mejores ejemplos de ese gran seguimiento de la F1. La marea azul o la 'Alonsomania' ha sido uno de los mejores ejemplos de ese gran seguimiento de la F1., imagen de sustitución
La marea azul o la 'Alonsomania' ha sido uno de los mejores ejemplos de ese gran seguimiento de la F1. Wikimedia

España, Alonso, Lobato y Telecinco vivieron una luna de miel cuádruple en 2005 y 2006, pero todo se torció (deportivamente) desde entonces. Alonso, visto ya por muchos entonces como un David que competía con un Goliat llamado Michael, reforzó este toque bíblico en sus duelos con Hamilton y Vettel. No los ganó, pero despertó un nuevo tipo de amor entre los alonsistas para con su ídolo: el estar en las buenas y en las malas.

Curtidos en mil sinsabores, al aficionado español de la F1, y también al aficionado más casual, le ilusiona más un tercer puesto de Alonso que otro campeonato de Marc Márquez. Eso es algo que sucede muy pocas veces y a determinadas personas tocadas con una varita. Solo EL PLAN, sin saber bien cuál es, tiene más movimiento en redes que todo el campeonato de 2022 de MotoGP. Cuando Alonso y Lobato se retiren el soufflé bajará de nuevo, pero la F1 tiene tan ganada la batalla en España, que Carlos Sainz seguirá dando más que hablar que las motos. Cuestión de gustos.

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