El racismo en el fútbol ruso: un grave problema sin solución

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Malcom, el último jugador que sufre el racismo del fútbol ruso

En una gran cantidad de países europeos han existido problemas con el racismo hacia ciertos jugadores. Sin embargo, no hay una nación más infestada por esta lacra que Rusia. El país exsoviético comandado desde 1999 por Vladimir Putin ha entrado en el siglo XXI en el mundo del deporte solo en fecha, pero no en lo que a su mentalidad intolerante se refiere.

Por Ramón Fernández  |  06 Agosto 2019

El fútbol ruso se ha visto envuelto en numerosos escándalos en los que el racismo era el gran protagonista durante los últimos años. La globalización ha llegado al deporte rey, y con ella la llegada de cientos de jugadores extranjeros a todas las ligas. Cada equipo puede confeccionar su plantilla como quiera (con unos límites), y la mayoría optan por combinar jugadores nacionales y de fuera para dar con la tecla y lograr los mejores resultados posibles.


En Rusia ha sucedido lo mismo. Muchos jugadores, entre ellos españoles, italianos, argentinos, brasileños y colombianos han regalado en la Premier League de Rusia para completar la plantilla, y algunos, además, tomando un papel trascendental en los clubes a los que llegaban. De igual manera, muchos jugadores rusos han salido del enorme país para intentar despuntar en ligas más importantes, como es el caso de Yuri Zhirkov, Andrey Arshavin, Mostovoi, Cheryshev o Golovin.

¿Intolerancia o mantener las tradiciones?

Pero el trato que han recibido los jugadores del este no ha sido ni parecido al de los que ficharon por clubes de la antigua república soviética. Casualmente, dicho recibimiento acostumbra a ser peor de una forma directamente proporcional a la oscuridad de la piel del jugador. Los hinchas, y algunos jugadores, aseguran que no son racistas, pero que buscan simplemente que el club conserve las tradiciones de contar con jugadores eslavos, de la casa. Vienen a querer asemejarlo al caso del Athletic Club de Bilbao, que solo cuenta en sus filas con jugadores nacidos o crecidos en el País Vasco. Pero en el Athletic no importa el color de piel del jugador, o si tiene otros arraigos además del vasco, mientras sientan los colores y defiendan la elástica rojiblanca.

Los ultras rusos son de los más ruidosos de Europa, pero también de los más intolerantes.
Los ultras rusos son de los más ruidosos de Europa, pero también de los más intolerantes. Twitter / @es_fczenit

En muchos casos, no son los jugadores quienes provocan estos problemas. Tampoco los entrenadores. No tendría sentido, un jugado, o un entrenador siempre quiere a los mejores en su equipo, sea cual sea su procedencia. Tampoco es el caso de la directiva, quien en más de una ocasión ha hecho oídos sordos a las críticas por sus fichajes provenientes de lugares que generaban dudas, incluso defendiendo públicamente que cualquiera puede jugar en el equipo si su esfuerzo es el mismo. Los aficionados son el problema. En concreto, los ultras, quienes atemorizan a los dueños de los equipos, a los jugadores y a todo el mundo, con el apoyo implícito de Vladimir Putin.

Malcom ya sufre a la afición rusa

El último jugador en ser atacado por la afición del Zenit ha sido Malcom, el brasileño que acaba de fichar procedente del Barça. Salió al terreno de juego para disputar los últimos minutos del encuentro de la cuarta jornada contra el Krasnodar, en lo que era su debut, cuando apareció una pancarta dirigida a los dueños del equipo, en la que se podía leer este mensaje: "Gracias a los líderes por su fidelidad a las tradiciones". Desde las instituciones del Zenit han negado que esa pancarta tuviera connotaciones racistas alegando que Wilmar Barrios, colombiano, sí que fue bien recibido, pero por los antecedentes de la afición, es difícil creer que una pancarta de esas características no sea un ataque a los recientes fichajes. Por más que el club intente tapar y acabar con estas conductas, la situación no mejora y cada vez es más difícil que los jugadores quieran trabajar allí.

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La tolerancia llegó... solo durante el Mundial

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En el mes del Mundial que se celebró en Rusia durante el verano del 2018, los incidentes racistas pararon. A la competición asistían combinados como el de Nigeria o el de Senegal, y Putin no podía consentir quedar en ridículo internacionalmente, por lo que dio un toque de atención a los sectores más radicales para que frenaran sus comportamientos, y por eso se mantuvo una calma temporal durante ese tiempo.

Hace años que sufren estos problemas

Pero estos problemas vienen de lejos. A Bryan Idowu, pese a ser de nacionalidad rusa, haber crecido en Rusia, y su madre ser mitad rusa, no se le perdonaron sus orígenes nigerianos. No obstante, el jugador siempre ha desarrollado su carrera allí, ignorando a los intolerantes y superando los muchos obstáculos impuestos.

Peter Odemwingie, jugador que, por su lugar de nacimiento, de residencia y orígenes familiares, tiene 4 nacionalidades, (de las cuales, tres de ellas son exrepúblicas soviéticas), también sufrió un ataque de parte de los aficionados del Lokomotiv de Moscú cuando se marchó a Inglaterra. Exhibieron una pancarta con un plátano, en la habitual y despreciable comparación con un simio. Mismo problema tuvo una leyenda del fútbol como Roberto Carlos, al que llegaron a lanzarle un plátano en su etapa en el Anzhi. Su reacción fue inmediata: salió del campo. Ya no quería jugar más.

Peter Odemwingie en el encuentro contra Bosnia del Mundial 2014
Peter Odemwingie en el encuentro contra Bosnia del Mundial 2014 GTRES

También Hulk, Frimpong y otros jugadores han protestado duramente contra estos comportamientos.

El fichaje frustrado del Torpedo moscovita

El último caso de este estilo lo protagonizó el Torpedo de Moscú, un gran club durante la etapa soviética, que se encuentra en horas bajas en los últimos años. Justo después del Mundial de 2018, el club capitalino se hizo con los servicios de Erving Botaka-Yobama, jugador que entonces tenía 19 años. Su fichaje no llevó la ilusión al histórico equipo, más bien al contrario. El joven recibió amenazas de todo tipo por su color de piel, y la directiva del Torpedo, asustada, lo despidió. 6 días duró. Nacido en Rusia, muy cerca de Moscú, no abandonó su país, y juega actualmente en la otra punta del mismo, en Vladivostok, una de las ciudades más orientales del territorio ruso.

Pero todos estos casos eran sobre aficiones, que sin ser excusable en absoluto, es más difícil de controlar. Sin embargo, en algunos casos también jugadores han demostrado su falta de tolerancia en este aspecto.

Pogrebnyak lleva la intolerancia al campo

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Pavel Pogrebnyak, delantero centro ruso, que ha jugado en equipos como el Stuttgart, Fulham y Reading, afirmó en el mes de marzo que la convocatoria de jugadores negros a la selección rusa era ridícula. Hablaba del delantero brasileño del Krasnodar, Ari, quien después de ocho años en Rusia, recibió la nacionalidad rusa y fue convocado en dos ocasiones; o de Mario Fernandes, lateral del CSKA de Moscú y de la selección rusa, también brasileño. Al menos, en este caso, el jugador fue sancionado por la Federación Rusa de Fútbol por sus palabras.

Pogrebnyak, junto a Didier Drogba en un acto benéfico. ¿Qué ironía, eh?
Pogrebnyak, junto a Didier Drogba en un acto benéfico. ¿Qué ironía, eh? Twitter

Kokorin y Mamaev, a la cárcel

El último caso, uno de los más flagrantes, lo protagonizaron el delantero del Zenit Alexandr Kokorin, y Pável Mámaev, jugador del Krasnodar (compañero de Ari). Ambos jugadores estaban en estado de embriaguez cuando comenzaron a reventar coches que se encontraban estacionados. Al verles, un chófer intentó reprenderles su actitud, pero no consiguió otra cosa que ser agredido brutalmente por la pareja. Después, entraron en un bar, y agredieron a un importante funcionario del Ministerio de Industria y Comercio ruso, Denís Pak, por su ascendencia china, entre improperios racistas. Una auténtica noche de fiesta que ha acabado con ambos condenados a año y medio de prisión, de los que aún les quedan por cumplir algunos meses. Ni siquiera era el primer incidente protagonizado por estos dos futbolistas.

Rusia es un país cuya falta de tolerancia es clara y notoria. En el mundo del fútbol existe, no cabe duda, como acabamos de ver. Pero también entre sus políticos, pues algunos incluso en sus anuncios de campaña electoral han mostrado su racismo y homofobia como fórmula para ganar votos. Hasta en el Festival de Eurovisión se han convertido en objeto del desprecio del público durante varios años, especialmente por su maltrato al colectivo LGTBIQ+. En resumen, mucho tiene que cambiar la situación para que Malcom y tantos otros puedan sentirse cómodos.

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