Desmontando tópicos de Eurovisión: falsos mitos y verdades a medias

Eurovisión

La venda de los tópicos sobre Eurovisión ya cayó: desmontamos falsos mitos y verdades a medias del festival

Eurovisión aumenta sus espectadores y fronteras cada año. En cambio, en países como España, los tópicos siguen devaluando la gran fiesta de la música europea.

Por Ramón Fernández  |  16 Mayo 2019

El Festival de la Canción de Eurovisión nació en el año 1956, con el objetivo de reunir a todos los países tras un período convulso de guerras y crisis en toda Europa. En estos 63 años de historia que cumple este 2019 ha dado para mucho. Grandes canciones y temas mediocres. Voces espectaculares y gallos sin parangón. Puestas en escena sobrias y verdaderos despliegues de luces y pirotecnia. Pero si algo ha perseguido a Eurovision desde el principio de los tiempos han sido los tópicos. Casi siempre negativos, por cierto.

En la larga historia del Festival, su reputación y audiencia han sufrido altibajos
En la larga historia del Festival, su reputación y audiencia han sufrido altibajos Eurovision

Hemos llegado a un punto que, en pleno siglo XXI, a aquellos que viven con ardor la gala del festival y todo lo que antecede a tan esperado momento, les da vergüenza hablar de ello en según qué situaciones. Es cierto que no es muy normal encontrarse gente que vea las semifinales, y más teniendo en cuenta que España es del 'Big Five' y no tiene que pasar por ese trámite. Menos aún que haya gente que se vea las preselecciones de otros países (aunque hay verdaderas joyitas como el Melodifestivalen sueco, San Remo en Italia y A Dal en Hungría que para nosotros las quisiéramos). Pero de ahí a ocultarlo en reuniones sociales porque si no eres el raro o el ingenuo que cree que España puede ganar hay un buen trecho.

Este artículo va por todos aquellos eurofans en la sombra. Vamos a romper los tópicos eurovisivos, porque disfrutar de un Festival de canciones al más puro estilo Mundial de Fútbol es algo de lo que se puede sentir orgullo. De hecho, no será una competición tan mal llevada si Estados Unidos y Asia están planeando montar su versión en sus respectivos continentes, y Australia ha hecho lo imposible por unirse a nuestra fiesta.

"Es que todos los países votan a sus vecinos"

Sí, el voto por núcleos es influyente en Eurovision. Es difícil que un país como Rusia, con relación cultural y política con tantos países que forman parte del certamen quede fuera del top 10. Pero ojo, no imposible, como vimos en 2018, cuando Yulia Samoylova no consiguió pasar a la final del sábado. Siguiendo este tópico, también es difícil a priori que un país como Portugal, que solo tiene un vecino, se alce con la victoria, y pasó en 2017, con la romántica balada 'Amar pelos dois' de Salvador Sobral.

En resumidas cuentas, el voto cercano puede beneficiar a un país que en lugar de quedar en el puesto 17 queda en el puesto 14 y perjudicar a otro más aislado en sentido contrario. En cambio, no suele afectar en la elección del ganador.

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Pero, como también es lógico, es más fácil que a un danés le guste la canción de un sueco porque son estilos, culturas e idiomas similares. Además, con la separación del televoto y el voto del jurado, la influencia es cada vez menos notoria, y los repartos de puntos, más impredecibles.

"Eurovision es solo para LGTBIQ+"

No solo. Eurovision es para todos. Para todos los países, y para todas las personas de cada país. Desde 1998 con la victoria de Dana Internacional (primera transexual en ganar un concurso de estas características), Eurovision se ha situado a la cabeza de la integración de todo tipo de minorías. Pero, precisamente por esto, el objetivo es que absolutamente nadie quede excluido, que todas las culturas, religiones e identidades sean aceptadas y aplaudidas. Es un rinconcito de tolerancia en un mundo que no es capaz de superar los prejuicios, y por eso nos incluye a todos.

Dana Internacional en la primera semifinal de Eurovision 2019
Dana Internacional en la primera semifinal de Eurovision 2019 GTRES

La música es unión. Pocos certámenes habrán juntado canciones de folclore regional, con 'heavy metal', con música de verbena de pueblo (¡Vamos Miki!) y cantantes de música lírica. Eurovision lo consigue, hace disfrutar y reunirse a familias y grupos de amigos delante de la tele, y da igual la raza, sexo, religión o nacionalidad, que disfrutar está asegurado. Al menos hasta que se reparten los doce puntos.

"España siempre queda mal"

No diremos que todas las participaciones de España se han merecido ganar porque eso sería ser muy subjetivos. La victoria puede depender de muchos factores. Pero quedar en un puesto digno exige exclusivamente llevar una buena canción, bien interpretada y tener una puesta en escena aceptable. No hay más que ver países como Italia o Suecia, para saber que si haces bien las cosas, la recompensa en forma de puntos no tarda en llegar.

Il Volo, representantes de Italia en 2015, consiguió el tercer puesto
Il Volo, representantes de Italia en 2015, consiguió el tercer puesto GTRES

Sin embargo, con las candidaturas españolas siempre hay un pero. En ocasiones las canciones no son buenas, por mucho que nos empeñemos. En otras, las menos, los cantantes tienen fallos vocales importantes. Y en la mayoría, la puesta en escena y la promoción dejan mucho que desear. Por eso, los mejores intérpretes no quieren ir a Eurovision, porque saben que si pierden pueden echar por tierra una carrera que les ha costado mucho encauzar. Y la ayuda para que el resultado sea positivo por parte de RTVE no siempre es la mejor, aunque este 2019 parece que se hayan puesto las pilas.

"Si España tuviera opciones ganar, harían lo posible porque no lo hiciera"

Se ha comentado en muchas ocasiones que el interés que pone el ente público en hacerse con la victoria es nulo. Incluso, cuando hemos enviado candidaturas con opciones reales de alzarse con el triunfo, se ha boicoteado desde dentro para que esto no sucediera. Todo ello con el objetivo de no organizar el evento el año siguiente.

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Obviamente no hay pruebas ni a favor ni en contra de estas conspiraciones, pero lo cierto es que no tendría mucho sentido que fuera así. La inversión a realizar para la organización del Festival es importante, pero ínfima en comparación con las ganancias que retribuye a la cadena emisora y a la ciudad anfitriona. Por ejemplo, la edición celebrada en Malmö en el año 2013 tuvo un coste de unos 15 millones de euros. Los ingresos suelen variar entre los 80 y los 120 millones de euros, por lo que la viabilidad del proyecto está garantizada.

Bien es cierto en el año 2012 Azerbaiyán acometió una inversión faraónica (alrededor de 100 millones); pero su objetivo no era únicamente la celebración de Eurovisión, sino dar una imagen de apertura y europeización de un país en una situación política y geográfica complicada.

El Bakú Crystal Hall (Azerbaiyán) se construyó desde cero para Eurovisión
El Bakú Crystal Hall (Azerbaiyán) se construyó desde cero para Eurovisión Shutterstock

Pero un certamen al uso no se acerca ni remotamente a estas cifras y aporta pingües beneficios a las ciudades y entidades organizadoras.

"La música es de muy baja calidad"

El rechazo que genera Eurovisión en ciertos sectores sociales hace que con el solo conocimiento de que una canción procede del Festival, ya haya quien piense que no vale. No es así.

Hay canciones malas y buenas. También las hay muy malas y muy buenas. De hecho, en muchas ocasiones, la misma persona que critica ferozmente Eurovisión, pregunta: "¿de dónde es esta canción? Me encanta" cuando escucha accidentalmente alguna de las muchas 'masterpieces' que ha dado el concurso en los últimos años. Porque en muchas ocasiones es mayor el prejuicio que la realidad musical.

La puesta en escena de Sergey Lazarev (Rusia 2016) es la más espectacular que se recuerda
La puesta en escena de Sergey Lazarev (Rusia 2016) es la más espectacular que se recuerda GTRES

No hay que esconder el gusto por Eurovision, igual que no se esconde la afición al fútbol o a C Tangana. Porque el Festival de la Canción de Eurovision es un crisol de culturas, de música, de libertad, de integración y de sorpresas que año tras año regala grandes momentos televisivos a doscientos millones de espectadores en todo el mundo.

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