25 años de 'La Princesa Mononoke', el clásico de Studio Ghibli 25 años de 'La Princesa Mononoke', el clásico de Studio Ghibli

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25 años de 'La Princesa Mononoke': un repaso de su inigualable historia

Analizamos 'La Princesa Mononoke' y lo que hay detrás de una de las películas de animación más icónicas de la historia en su 25 aniversario.

Por Adrián Tomé  |  19 Julio 2022

Un tal 12 de julio de 1997 se estrenaba en los cines japoneses 'La Princesa Mononoke' (もののけ姫/Mononoke-hime). 25 años después la obra que cambió para siempre el cine de animación volvió a las salas de cine en España desde el 22 de julio. Aunque aquí no es aniversario, pues no la pudimos ver en la gran pantalla hasta abril del 2000. La cinta de Hayao Miyazaki con la siempre excepcional música de Joe Hisaishi se convirtió en la más taquillera de la historia de Japón en su momento, y no es para menos.

'La Princesa Mononoke' se ha consolidado como una de las mejores películas del mejor estudio de animación: Studio Ghibli. Fundado por el propio Miyazaki y Isao Takahata en 1985 nos ha dejado auténticas joyas como 'El Viaje de Chihiro', primer anime en llevarse un Óscar, 'La Tumba de las Luciérnagas', 'Mi Vecino Totoro' y por supuesto 'La Princesa Mononoke', película que vamos a intentar analizar en profundidad a lo largo de este artículo y desvelar algunas de sus curiosidades.

Perfección y trasfondo

Desde sus inicios Miyazaki siempre había destacado por ser terriblemente exigente y perfeccionista. Esto llevaba a empujar al límite a sus trabajadores, y también a sí mismo dentro de ese constante búsqueda de la obra maestra sin fallos. No por accidente la animación de Ghibli es tan buena como es. Durante la realización de Mononoke, Miyazaki revisó 80.000 de los 144.000 acetatos de los que constó la película hasta el punto de lesionarse la mano. Valora el espíritu de sacrificio en su estudio, tanto de sí mismo como de los trabajadores.

Pero si hay algo que el autor pone por encima de todo es el mensaje de sus películas. En palabras del propio Miyazaki, "Lo más importante de una película son los recuerdos que te deja". Esto lo podemos ver a muchos niveles, pero quizá el más rompedor de ellos es el tratamiento de sus personajes, en concreto el de sus personajes femeninos.

Representación femenina

De acuerdo con Susan Napier, una de las principales referentes en lo que a análisis de anime se refiere, Miyazaki bien puede ser considerado fundador del shōjo, categoría del anime dirigido esencialmente a mujeres adolescentes. Aunque a diferencia del shōjo clásico, los personajes femeninos que podemos encontrar en Ghibli son capaces de combinar los típicos rasgos femeninos con una fuerte independencia que a menudo les lleva a confrontar obstáculos y problemas estereotípicamente masculinos. En este sentido, Miyazaki, a la par que se empezaba a popularizar el shōjo, creaba su propia visión del mismo con películas como 'Nausicaä del Valle del Viento', 'El castillo en el cielo' o 'Nicky, la aprendiz de bruja'.

La ópera prima de representación femenina de Miyazaki se alcanzó sin ninguna duda con 'La Princesa Mononoke'. Lo que ha pretendido siempre el director es derribar la imagen convencional de la mujer, para ello, crea personajes que rompan con esta imagen y que sirvan de inspiración a niñas y mujeres para seguir estos mismos pasos, liberándose en la medida de lo posible de las etiquetas impuestas por una sociedad heteropatriarcal. También quiere forzar al espectador promedio a abrirse a nuevas posibilidades de lo que un personaje femenino debe ser.

En Mononoke, Miyazaki lo hace por partida triple. A través de sus tres personajes femeninos principales nos demuestra una variedad de temas y posibilidades, todas ellas rompiendo con esquemas tradicionales. La primera de ellas San (número 3), es decir, la princesa Mononoke como tal. Se presenta como un personaje humano pero que ha crecido con la naturaleza como hija de la diosa lobo Moro. Como tal, se encuentra embarcada en una guerra contra la humanidad que intenta destruir su hábitat, casi despojada de todo ápice de carácter humano y con un comportamiento de lucha y protección de lo ella entiende como suyo, cueste lo que cueste.

La violencia y agresividad de San en uno de los fotogramas más reconocidos La violencia y agresividad de San en uno de los fotogramas más reconocidos, imagen de sustitución
La violencia y agresividad de San en uno de los fotogramas más reconocidos Toho

San se encuentra sumida en una constante dialéctica mujer-bestia, que se hace todavía más evidente con su relación con Ashitaka, el que empieza siendo el centro argumental de la película a través de un peculiar viaje del héroe. Sus interacciones con Ashitaka hacen a la propia San abandonar por momentos la bestialidad que ha creado por su crecimiento junto a Moro y sus hermanos lobo, pero en ningún momento pierde sus ideales ni rasgos de personalidad, muy lejos de la visión dulce y pasiva que encontramos generalmente en el shōjo. La pluralidad y otredad en que se conforma San, se muestran como una parte básica de la vida humana.

En ese mismo bando hay que hablar de Moro, un personaje maternal totalmente retorcido y diferenciado de la madre protectora. Siempre está latente esa idea de protección ya sea de sus hijas o del bosque, pero más de cómo un sitio plácido al que volver, Moro es el mártir de la lucha por la libertad y prosperidad de la naturaleza, dispuesta a sacrificarse a sí misma y a sus hijas por el bien mayor. Con esto que parece una tontería, se consigue que el personaje de Moro podría haber sido igualmente madre o padre y no habría ningún tipo de diferencia en su comportamiento, ni en su forma de hablar ni en sus acciones.

Sin ninguna objeción por lanzar una manada de lobos contra un grupo de mercaderes Sin ninguna objeción por lanzar una manada de lobos contra un grupo de mercaderes, imagen de sustitución
Sin ninguna objeción por lanzar una manada de lobos contra un grupo de mercaderes Toho

En el otro lado de esta dualidad en la batalla humanidad contra naturaleza está Lady Eboshi, un ejemplo de empoderamiento de libro. Líder de una aldea, que rescata y libera prostitutas, acepta a leprosos, y les da un trabajo, una función social en la que se sientan verdaderamente libres y realizados. Recoge todo lo que rechaza la sociedad Samurái del momento y le da una nueva oportunidad con roles claves para la que es su pasión, el desarrollo tecnológico de la civilización. Siempre muy vocal y al pie del cañón Lady Eboshi es la responsable de una explotación de la naturaleza que acaba con flora y fauna y por tanto se enemista directamente con San y los lobos. Esta dualidad precisamente nos lleva al otro gran punto clave del cine de Miyazaki, sus mundos de fantasía con un mensaje ideológico de trasfondo.

Una antagonista que no lo parece ser tanto Una antagonista que no lo parece ser tanto, imagen de sustitución
Una antagonista que no lo parece ser tanto Toho

Fantasía e ideología

Hayao Miyazaki, a pesar de soñar siempre con dedicarse a la animación, estudió Ciencias Políticas y Económicas, siempre muy vinculado al marxismo, especialmente en su vertiente ecologista. Muy crítico con la historia de Japón, en sus películas suele ser el elemento de repetición el crear un vivo mundo de fantasía, pero que en muchas cosas se asemeja a un concreto periodo de la historia japonesa.

Mononoke, sin ser un película histórica, se encuentra ambientada en el periodo Muromachi (1336-1573), concretamente hacia el final de esta época que también ponía punto final a lo que se conoce como Chusei, es decir, época medieval japonesa. El escenario está inspirado en la Isla Yakushima, al sur del archipiélago. La temática que se recoge en el cine cuando hablamos de esta época suele ser la heróica Samurái y las élites de la sociedad del momento, la corte imperial y el shōgun.

El primer protagonista, Ashitaka, aparece en una tribu de la raza Ainu, autóctona del norte de Japón y otras zonas del noreste asiático, en contraste con la etnia mayoritaria que gobernaba Japón, los Yamato. El otro poblado clave de la historia, el de Lady Ebishu, que además de estar gobernado por una mujer, está compuesto enteramente por personajes marginales. Miyazaki deja claro en todo momento que ni le interesa ni le importa hacer una historia del típico maestro espadachín y apuesta por un enfoque que resalte a los olvidados de la historia.

Aún así, consigue reflejar a la perfección el momento en el que se encontraba la sociedad Muromachi, un momento de cambio completo en su sistema de valores que transicionaba de teocéntrico a la acumulación de bienes y dinero. Por una lado, tenemos a Lady Ebishu en su incansable apuesta por el progreso. En el otro, las figuras de los dioses del bosque, Moro, Nago, el dios jabalí, los Kodamas, el Shishigami, espíritu del bosque en cuya caza se ve envuelta el emperador, todos ellos muriendo ante el avance tecnológico de los humanos o ante el capricho de las élites.

El folclore japonés está presente a lo largo de toda la película El folclore japonés está presente a lo largo de toda la película, imagen de sustitución
El folclore japonés está presente a lo largo de toda la película Toho

Se trata de una historia de la batalla de la humanidad y los dioses salvajes, y entre medias, Ashitaka, el viajero que llega buscando respuestas, hace las veces de la verdadera voz de Miyazaki, una que clama por una armonía entre lo humano y lo natural. Quiere resaltar cómo la sociedad, que se caracterizaba por una armonía con lo natural, se olvidó de ello y pisoteó una y otra vez su ecosistema en pos del avance y el progreso.

De un golpe, comparte con el mundo su visión del cine y la sociedad, centrado en combatir el impacto de la vida moderna en la naturaleza y las desigualdades inherentes al sistema capitalista. El lema ecologista y rompedor culmina con un final anti-Disney en el que Ashitaka y San acaban separados, pero intentando cada uno por su cuenta construir un mundo mejor en el que poder vivir en armonía, en lugar de buscar la destrucción de unos u otros.

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