¿Por qué el público tose en el Auditorio Nacional de Música?

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¿Por qué el público tose en el Auditorio Nacional? La experiencia de un concierto de Sokolov amargado por un respetable muy constipado

El catálogo de buenas maneras del Auditorio Nacional no permite la tos durante las actuaciones, pero en todas y cada una de ellas hay varios momentos en los que el público tose al unísono y sin ningún resquemor. Te explicamos a que se debe este molesto hecho que sorprende a todas las personas que visitan por primera vez la sala sinfónica más importante de España.

Por Víctor Manuel Gil  |  07 Marzo 2019

La primera vez que entras al Auditorio Nacional de Música de Madrid es una experiencia religiosa. No es un edificio cualquiera, es el templo de la música clásica de nuestro país, donde se dan cita los más entendidos e intelectuales amantes del arte, lugar en el que los grandes intérpretes y compositores dan rienda suelta a su virtuoso don y deleitan al respetable con las notas más exquisitas de la historia de la música clásica. Pero en todo Edén hay una serpiente.

Hace unos cuantos días visité por primera vez el Auditorio Nacional. Mi estreno fue acompañado por las notas del maravilloso Grigory Sokolov, considerado uno de los mejores intérpretes del mundo y el último gran pianista solista de nuestra época. A mi nerviosismo se sumaba el hecho de querer ver, por fin, uno de los escenarios más famosos de nuestro país, por lo que decidí entrar lo antes posible y así poder maravillarme con las vistas.

Todo lo que se diga de esta sala es poco, su diseño es tan precioso como eficaz en materias de acústica. Unas formas y diseños circulares que consiguen hacer desaparecer todas las esquinas posibles, generando un entorno ideal para escuchar música. La sala está tan bien construida que hasta el aleteo de una mosca puede ser percibido a metros de distancia en pleno silencio.

Inauguración del Auditorio Nacional en 1988
Inauguración del Auditorio Nacional en 1988 GTRES

El auditorio comenzaba a llenarse y poco a poco el sonido ambiente era mayor, pero tenía una definición espectacular, nunca antes había escuchado un ruido tan nítido, valga el oxímoron. De repente, el sonido de un móvil retumba por toda la sala y la organización avisa por megafonía que se deben apagar los móviles. Murmullo en las gradas, sonidos de bolsos y alguna que otra risa por el auténtico susto sobrevenido.

Se atenúa la luz de la sala, se cierran las puertas y una figura ataviada con un frac aparece en el escenario. El público rompe a aplaudir. Es espectacular poder ver en carne y hueso al pianista de pianistas, al gran Grigory, ahí estaba, a tan solo unos metros para... "Perdone caballero, dígale al señor que está cuatro butacas a su derecha que no puede dejar objetos encima de la repisa", me indica la acomodadora. Yo no entiendo nada y sin comerlo ni beberlo me pierdo la primera ovación al gran maestro y su saludo. Empezamos bien...

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Comienza el concierto. Grigory es capaz de transportar al público a otro mundo con cada una de sus pulsaciones. Pero el compañero que tengo a la izquierda tiene la respiración propia de un oso grizzly. "Intenta no pensar en ello" me repito a mi mismo, pero solo basta con pensarlo para prestar más atención a su escasa capacidad pulmonar. Al rato me doy cuenta de que el pobre hombre se siente más incómodo que yo y decido de una vez por todas ignorarlo con todas mis fuerzas.

Tras un primer esfuerzo de concentración, entro de lleno en la interpretación de Sokolov. Suena la primera de once bagatelas del inmortal Beethoven. Sentido, profundo, virtuoso, introspectivo, enérgico, este Grigory lo tiene todo... En el summun de mi concentración y disfrute, acaba el primer movimiento. La gente no aplaude, como marca el protocolo. Pero en su lugar, una tormenta de toses invade el Auditorio Nacional. Yo no doy crédito, miro hacia todos lados buscando una explicación. Y es que no eran ni una, ni dos, ni tres personas, sino decenas de constipados pidiendo a gritos un caramelo de limón o un chupito de 'Iniston'.

Cuando una persona tose delante de otras, éstas sienten el impulso de imitarla, generando así un efecto mariposa
Cuando una persona tose delante de otras, éstas sienten el impulso de imitarla, generando así un efecto mariposa Shutterstock

Sokolov, indiferente, continua con su trabajo, que es hacer arte. Vuelven a sonar las notas, la respiración de mi compañero vuelve a amplificarse y ahora, en cada silencio, por mínimo que sea, suenan toses. Una persona tose, le siguen otras y así hasta el infinito. Se me empieza a torcer el morro. ¿Por qué demonios antes de empezar la actuación nadie tosía pero ahora esto es una orgía de gérmenes?

Termina el movimiento y otra vez vuelven a la carga, toses por todos lados. Esta vez escucho a una mujer detrás de mi fila decir a su acompañante: "Tose, tose ahora". Y me sorprende tanto o más que el propio concierto. No me creo que tengas la habilidad de aguantar tu tos durante veinte largos minutos para exhalarla justo ahora. Me empiezo a hacer preguntas estúpidas pensando que la tos es una forma de aplaudir entre movimientos, enajenación causada por tos ajena.

Ya lo han conseguido, los 'tosedores' del Auditorio Nacional captan toda mi atención. Cada vez que la interpretación baja la intensidad, concediendo pinceladas de genial introspección, aparece una tos entre el público que desvía mi interés. Comienzo a desarrollar una teoría que si me convence. El Santiago Bernabéu pita a sus jugadores hasta cuando el Real Madrid gana, en la plaza de toros de Las Ventas las orejas son más caras que en ningún otro ruedo y he visto vaciarse un teatro en pleno centro porque la actuación no convence al respetable. La chulería madrileña exige al que se expone más de lo que en muchas ocasiones puede ofrecer y esto es por pura ansia de protagonismo. Por muy respetable que seas, por mucho que hayas pagado tu entrada, nada te permite exigir más a Sokolov, que, además de tocar todo de memoria, tiene que soportar tu resfriado.

Las malas lenguas dicen que los madrileños tienen un carácter muy 'chulesco'
Las malas lenguas dicen que los madrileños tienen un carácter muy 'chulesco' Shutterstock

Por no tomarla con la buena gente de Madrid, pensé en la posible explicación psicológica. Está demostrado que las personas se autosugestionan mediante y hacia la imitación de ciertas reacciones del cuerpo, como pueden ser los bostezos o la tos. Pero como decían los mayores, "mal de muchos, consuelo de tontos": mientras una leyenda del piano está tocando, aguántate la maldita tos aunque otros no lo hagan.

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¿Y si la tormenta de toses es algo tan típico como los trajes de chulapo? La tradición suele cimentarse sobre costumbres poco inteligentes. Por lo que también pensé que quizás, simplemente, la osada audiencia que normalmente copa la mayoría de plazas del Auditorio Nacional tiene por costumbre toser entre movimientos. No se si está misma situación se vive en otros escenarios, pero estoy seguro de que no con la misma intensidad.

El público de Madrid es el más exigente, sea cual sea la disciplina
El público de Madrid es el más exigente, sea cual sea la disciplina Shutterstock

Una posible solución sería amplificar el instrumento, más aún sí es un recital solista. Pero bueno, tocar en acústico es otra norma impuesta por la tradición que hace más única la experiencia.

El caso es que Sokolov terminó dando un recital de tres horas de duración, los bises fueron exquisitos y el público acabó volcado, aplaudiendo todas y cada una de sus improvisaciones. Pero mi sensación fue agridulce. Para colmo, esperando el metro me percaté de que había perdido el móvil dentro del auditorio, regresé a por él y juro por lo más alto que me fijé y no me crucé con nadie tosiendo en los pasillos.

Catálogo de buenas formas del Auditorio Nacional de Música

Para todas aquellas personas que quieran saber cómo actuar en su primera visita al Auditorio Nacional aquí dejo un catálogo de buenas formas avalado por la propia institución:

  • 1 No se debe utilizar demasiado perfume. Hay gente alérgica.
  • 2 Si te acompaña un niño, intenta que se comporte de la mejor forma posible.
  • 3 Desenvuelve todo lo que vayas a comer dentro. Caramelos, chicles...
  • 4 Apague cualquier móvil, busca o alarma.
  • 5 Debe respetar la obertura y los bises sin hacer ruido
  • 6 Los enamorados no deben apoyar sus cabezas juntas ya que tapan al espectador de detrás.
  • 7 Prohibido hablar, tararear, cantar, marcar el tiempo. Si se tose hay que tapar la boca con un pañuelo.
  • 8 Esperar a la pausa para salir o rebuscar en el bolso.
  • 9 Trate a los demás con educación, de la misma forma que quiere que le traten a usted.

La existencia de estas normas hace aún más inexplicable esa enervante costumbre de toser entre movimientos y también demuestra que la música clásica debe abrir paso a la modernidad, sobre todo si nos fijamos en el punto número siete.

Nótese como el espectador de atrás está siendo molestado por la pareja feliz
Nótese como el espectador de atrás está siendo molestado por la pareja feliz Shutterstock

Desde Menzig recomendamos a nuestros lectores más cultos vivir la experiencia de la tos como nunca antes la han vivido. El artista no importa, tampoco que te apasione o no la música clásica, el verdadero espectáculo está en las gradas y puedes formar parte de él. Todos a fumar y a dormir con la ventana abierta, que mañana hay concierto en el Auditorio Nacional.

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