Los petardos, la lacra de todas las Navidades que hay que erradicar

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Por una Navidad sin petardos: manifiesto contra lo peor (con diferencia) de estas fiestas

Aparte del que los lanza, ¿a quién le divierte un petardo en la calle en pleno 24 de diciembre? ¿Por qué esa manía de tirar petardos en Navidad? Es hora de erradicar una de las peores costumbres españolas.

Por Guillermo Galindo  |  19 Diciembre 2019

Ay, la Navidad. Qué suerte tuvimos de que los primeros cristianos decidieran a su antojo cuándo había nacido su Mesías, y establecieran el 24 de diciembre porque ese día era la gran fiesta romana al dios Sol. Lo cierto es que diciembre y Navidad casan a la perfección. El ambiente que se genera hace que el frío se sienta diferente. No es el frío de enero o febrero, que hunde hasta al tipo más feliz, sino un frío navideño, el de salir a la calle con gorro y guantes y recorrer los mercadillos, o ver los bares llenos con los villancicos de fondo; o incluso quedarse en casa viendo un maratón de cine o series, echando una partida a algo o simplemente tomando turrón.

La Navidad sería perfecta... si no hubiese una cosa que la arruinara. ¿Los Grinch que van quejándose de que la gente sea feliz este mes y viven amargados, intentando contagiar esa amargura al resto? Pues mira, también, pero me refiero a algo mucho más molesto incluso que eso: los petardos.

Aquí, el arma del demonio.
Aquí, el arma del demonio. Shutterstock

Jesús no nació para tus petardos

No hay sonido más desagradable e inaguantable que el de un petardo. De verdad, no lo hay. Estás tranquilamente en casa, y pum. O peor, vas por la calle, y de repente te pegas un susto tremendo pensando que la III Guerra Mundial ha empezado en tu barrio, y tú con un gorro de lana. Pero no, es un petardo lanzado por un chaval o (todavía peor) un adulto que te mira sonriendo en plan: "qué divertido, ¿eh?". Tu mueca no lo es, pero a él le da absolutamente igual.

Porque a este gente no les importa otra cosa que lanzar muchos petardos estos días, no sabemos muy bien por qué. ¿Acaso Jesús dijo "lanzaos petardos unos a otros como yo los he lanzado"? No. Él apostó por amar al prójimo, algo que cuesta mucho cuando un individuo sale del bar y lanza un petardo a la calle justo cuando estabas cruzando, como si el Bar Manolo fuera una trinchera de 1915.

Y claro, eso por no hablar de lo que sufren los perros al escuchar este dichoso ruido, y de lo nerviosos que se ponen. Pero nada, es que les da completamente lo mismo. Es llegar los últimos diez 10 de diciembre y sacar todo su arsenal.

Si te encuentras esto en la calle, huye.
Si te encuentras esto en la calle, huye. Shutterstock
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¿Quién fue el listo al que se le ocurrió celebrar las Navidades con petardos? ¿Por qué no le bastó con ir a las fallas? Por su culpa, tenemos que comernos el resto 20 días de tensión, mirando de un lado a otro desconfiados, porque nunca sabes dónde puede haber algún petardo o gente dispuesta a lanzarlos, que parece que estamos en Alepo en pleno conflicto con el ISIS.

Fuera petardos de nuestros barrios

Es hora de decir basta. Pero, ¿qué podemos hacer? Con el tema de los petardos sucede algo parecido a con la tauromaquia en este país. Si hubiera una votación al respecto, ambas se prohibirían. ¿Por qué no un doble referéndum y nos quitamos las dos cosas a la vez? Piénsalo, Pedro Sánchez.

No lo hagas, por favor.
No lo hagas, por favor. Shutterstock

Otra opción es hacer lo mismo que se quería implantar con la polémica de los fumadores, instalar una zona para que los que quieran tirar petardos los lancen sin molestar al resto. Una zona (muy) alejada, por favor. Pero así, todos felices y contentos.

No se hará ni una ni otra cosa, y tendremos que seguir aguantando a esta gente eternamente. Es lo que tiene vivir en sociedad, supongo. De todos modos, intenta que te afecte lo menos posible. Desconecta, ponte unos auriculares con cancelación de ruido externo y disfruta de las fiestas como es debido. Y recuerda brindar por lo más importante: por una Navidad sin petardos.

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