¿Puedes tokenizarte a ti mismo? ¿Puedes tokenizarte a ti mismo?

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Invertir en uno mismo: cómo convertir al ser humano en producto

La nueva posibilidad de tokenizarse a uno mismo abre la vía del mercantilismo más extremo. Con tal de obtener beneficios inmediatos, se puede jugar con la financiación del futuro de un ser humano.

Por Jon Irisarri  |  13 Diciembre 2021

En el capitalismo es habitual tratar de obtener beneficio por todo. Todo aquello que no ofrece rentabilidad económica parece descartable o prescindible, y todo lo que hacemos en el día a día se ve envuelto por una burbuja económica que no puede parar de crecer. Hasta las cosas más profundas, bien el amor, la lucha por un derecho, o los problemas de salud mental, son atrapados por un sistema que le tiene que sacar partido a todo. No existe alternativa.

El deseo de mercantilizar cualquier cosa se adapta a cada momento histórico de forma perfecta. El capitalismo busca siempre las herramientas necesarias para maximizar beneficios, y la época posindustrial está dando buena muestra de ello. Si ya habíamos visto mercantilizar todo tipo de movimientos y problemas, desde el Movember hasta la apertura de locales de salud mental para llorar, ahora se ha dado un paso más: invertir en nosotros mismos.

Las criptomonedas y los tokens son, de por sí, un tema delicado y arriesgado. Estas nuevas inversiones parece que son el futuro, y por ahora, no tienen pinta de ser la causa de una sociedad más justa e igualitaria. Pues bien, el problema se agrava cuando resulta que se ha conocido la noticia de un joven que se ha tokenizado a sí mismo. Como si de la acción de una empresa se tratase, ha financiado su propia vida con tal de conseguir beneficios inmediatos. La idea de Alex Masmej, el joven del que hablamos, es la de vender participaciones de su futuro a cambio de un 15%, logrando recaudar más de 20.000 dólares.

La idea de este chico consiste en que las personas que han invertido en él puedan decidir acerca de lo que hace en su día a día. Por ejemplo, ellos han sido quienes han decidido que salga a correr 8 kilómetros diarios, y si lo consigue, obtendrán beneficios. Por otra parte, el 15% de las ganancias de Masmej irán a todos los que hayan invertido en él, y de esta forma se aseguraba que la gente lo hiciese. En cuanto al debate que puede suscitar venderse a uno mismo, Alex afirma que "Venderme significa que me puedo inclinar por invertir el dinero en cualquier servicio o producto que quiera, lo que me da libertad para innovar." Por lo tanto, parece tener esa idea clara, y es más, puede que en el futuro intente crear una empresa acerca de los tokens personales.

Mercantilizar todo llega al último nivel: entender a un ser humano como una potencial fuente de beneficios. Mercantilizar todo llega al último nivel: entender a un ser humano como una potencial fuente de beneficios., imagen de sustitución
Mercantilizar todo llega al último nivel: entender a un ser humano como una potencial fuente de beneficios. Unsplash

La puerta abierta por este chico, aplaudida por los sectores más liberales, es un peligro para la sociedad. Ya no es que las condiciones elegidas por Masmej sean horrorosas para su futuro, es que la opción de invertir en sí mismo y poder 'ganar' más de 20.000 dólares de forma aparentemente sencilla es un ejemplo para todos los demás. Y esa idea es muy peligrosa, puesto que todos los que vean ese ejemplo como positivo harán lo mismo que él, y tokenizarse a uno mismo pasará a ser un acto habitual del nuevo capitalismo.

Una de las cuestiones que más se deben tener en cuenta es que con este cambio el ser humano comienza a tener la condición de producto. Es decir, hasta ahora los seres humanos comercializaban con objetos o ideas abstractas, comercializándolas y sacando el máximo provecho de ellas. ¿Pero qué ocurre cuando el propio sujeto es el que se comercializa a sí mismo? Se trasciende una línea clave, un límite que hasta ahora parecía sagrado y que nadie se atrevía a sobrepasar. Que se pueda tratar a un ser humano como producto rompe todas las condiciones morales y éticas, abriendo un peligroso panorama.

Además, poder comercializar con uno mismo supone que todo el mundo puede ser inversor. Lo que parecía ser un acto de la gente con dinero, pasa a ser algo accesible para todo el mundo. Cualquier persona sin recursos va a verse empujada por la sugerente opción de ganar miles de dólares de forma inmediata. Un peligro real que arruinará a miles de jóvenes, llevándoles a financiar su futuro a cambio de una ganancia inmediata.

¿Son las inversiones en uno mismo una nueva forma de esclavitud?

La palabra esclavitud la tenemos asociada a tiempos pasados, donde terratenientes americanos del sur e los Estados Unidos se lucraban con tener como esclavos a inmigrantes africanos. Comprar a una persona de la misma manera que compramos un objeto. Por lo tanto, si estamos hablando de convertir al ser humano en producto, ¿esto no es una forma de esclavizar?

Definitivamente, sí. Con la salvedad de que te lo haces a ti mismo. Es decir, tomas tú la decisión de tomar tu vida y tu futuro como un sujeto en el que poder invertir, y por tanto, esclavizarlo. Gracias a esto se rompe toda la libertad que tenías respecto a quien invierte en tí. Además, pese a que la decisión es de cada uno, es innegable afirmar que la escasez de recursos fuerza de forma indirecta a tomar la decisión. Por lo tanto, estamos ante una nueva forma de esclavitud, donde muchos jóvenes sin recursos se han convertido en productos donde poder invertir.

Reducir una persona a un simple producto es un acto peligroso, y es que se le arrebata lo más preciado que tenemos: la libertad. Reducir una persona a un simple producto es un acto peligroso, y es que se le arrebata lo más preciado que tenemos: la libertad., imagen de sustitución
Reducir una persona a un simple producto es un acto peligroso, y es que se le arrebata lo más preciado que tenemos: la libertad. Unsplash

¿Qué es el gran maximizador de clips de papel?

En este nuevo mundo, donde los peligros de la inteligencia artificial se unen a la ambición desmedida de generar beneficios por parte del sistema, se dan paradojas como la del gran maximizador de clips de papel. El filósofo de la Universidad de Oxford Nick Bostrom explica en su libro 'Superintelligence' esta idea: una máquina que tiene como misión conseguir el mayor número de clips de papel, pero de una forma tan abrumadora y llevada a cabo por la IA, que termine convirtiendo todo en clips de papel.

Pues bien, esta escena tan rara y lejana para nuestra mente no lo es tanto si cambiamos clips de papel por beneficios. Es decir, estamos en un mundo donde todo tiene que ser convertido en beneficio sin ningún tipo de reparo. Hasta lo que parecía impensable, como el propio ser humano, debe ser convertido en beneficio. Las barreras éticas y morales desaparecen, y el capital social se ve supeditado al capital económico. En definitiva, un mundo repleto de beneficios, donde ya no quede nada más.

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