'Stealthing', o quitarse el condón sin consentimiento: una práctica peligrosa

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'Stealthing', o quitarse el preservativo sin consentimiento

Hay pequeños actos que pueden desencadenar grandes consecuencias, tal y como sucede con el stealthing, una práctica sexual considerada abuso (e incluso violación en algunos países) en la que el hombre se quita el preservativo sin el consentimiento de la otra persona, poniendo en peligro su salud física y mental.

Por Jorge Moreno  |  25 Marzo 2020

En los últimos tiempos se ha popularizado un término, 'stealthing', que a simple vista no nos dice nada, pero que es el significante de una práctica sexual peligrosa abusiva: quitarse el preservativo durante las relaciones sexuales sin el consentimiento de la persona con la que estás manteniendo esas relaciones sexuales. Esto, que para muchos puede suponer un acto banal, cambia las condiciones previas y consensuadas de relación y, además de un quebrantamiento de confianza, es penalizable legalmente, en tanto que no es consentido y vulnera el bienestar de la víctima.

De hecho, ya hay casos de condena por stealthing. Uno de los primeros casos lo encontramos en Suiza en 2017, antes incluso de que este acto se convirtiese en tema de conversación. Un hombre de 47 años fue condenado a doce meses de prisión por quitarse el condón sin el consentimiento de su pareja en, algo que los magistrados entendieron como violación.

En Alemania, los jueces en cambio determinaron que era abuso sexual (aunque la víctima denunció por violación), y al condenado se le impuso ocho meses de cárcel (a la que no llegó a entrar porque pudo beneficiarse de la libertad condicional), además del pago de una multa de 3.000€.

En España ha habido muy caso reciente en el que se condenó al agresor a doce meses de multa que suponían un montante de 2160€ (6€ al mes) además de una indemnización a la víctima de 900€. En este caso, la condena fue por abuso sexual, concretamente por realizar un acto que "sin violencia o intimidación y sin que medie consentimiento (...) atenta contra la libertad o indemnidad de la otra persona", supuesto recogido en el artículo 181.1 del Código Penal.

¿Cuándo empezamos a hablar del stealthing?

El debate sobre el stealthing tuvo su auge especialmente en 2017, a raíz de un artículo en el Columbia Journal of Gender and Law de Alexandra Brodsky, actualmente investigadora del National's Women Law Center en el que entrevistaba a numerosas mujeres que habían sido víctima de este abuso. Sin embargo, gracias a que se le puso un nombre y se arrojó algo de luz sobre él, descubrimos que no era nuevo: muchas mujeres y hombres homosexuales lo habían sufrido mucho antes de la publicación de este trabajo.

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Además, el estudio reseñaba otro aspecto que agravaba el asunto: existían foros y comunidades de internet en el que los hombres compartían experiencias acerca de cómo se habían quitado el condón durante el sexo en relaciones sexuales pasadas, y aconsejaban acerca de cómo hacerlo para que la víctima no se diese cuenta, e incluso daban técnicas específicas para que fuese más sencillo romperlo.

En esas comunidades se apelaba al derecho de los hombres y a sus instintos para justificar a los que hubiesen llevado a cabo esa práctica. El estudio realizado por Brodsky citaba a diferentes hombres que decían cosas como "si ella quiere la polla del tío entonces también tiene que aceptar su corrida" o "es un instinto del hombre disparar su corrida dentro del coño de una mujer. Nunca debería serle denegado este derecho". En definitiva, y tal y como explica Brodsky en declaraciones al Huffington Post, "apoyan a una ideología de supremacía masculina en la que la violencia es un derecho natural del hombre". Y en la que además, el placer se prima al bienestar de la otra persona.

Porque evidentemente ese acto, el de quitarse el preservativo sin el consentimiento, rompe el bienestar de quien lo sufre en tanto que tiene consecuencia inmediatas y en potencia. Las potenciales las conocemos todos: posibilidad de embarazo no deseado y de contagio de enfermedades de transmisión sexual, pero sobre las inmediatas se hablan menos: esta práctica puede tener repercusiones en la salud mental de la víctima tal y cómo lo explicaba la psicóloga y sexóloga Cecilia Canzonetta en LN+: "la persona queda con miedo. Si tengo miedo desconfío, me siento inseguro, no puedo disfrutar de la próxima relación sexual, estoy con ansiedad, no siento placer, no puedo llegar al orgasmo...".

Reclamo de que se tipifique como un delito concreto

El estudio de Brodsky pedía una legislación específica que penalizase el stealthing para satisfacer las necesidades de las víctimas, pese a admitir que ya suponía una vulneración de algunas leyes actuales como hemos visto en varios supuestos con anterioridad. Sin embargo, esto no ha sucedido de momento, como consecuencia de las pocas víctimas que denuncian esta práctica cuando la sufren y de la poca trascendencia que el debate ha tenido en el conjunto de la sociedad. Esperemos que esto cambie.

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