FIBA World Cup: España, una defensa antológica y una final histórica

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Una defensa de oro: la Selección Española logra el mayor hito de su historia

Sangre fría, madurez y defensa. Solo así España ha conseguido un hito como este. Porque ya habíamos llegado a la final en 2006, pero nunca con un equipo tan cuestionado al principio y con tantas bajas importantes. Es histórico, no hay más.

Por Guillermo Galindo  |  13 Septiembre 2019

Pocas veces los periodistas pueden quedarse sin palabras, pero esta es una de ellas. Lo que ha conseguido la Selección Española de baloncesto en este Mundial (a falta del broche de oro) merece tantos calificativos que se solapan unos con otros, y te impiden expresarlos como es debido.

Porque estos 12 jugadores llegaban al Mundial de China sin generar grandes expectativas. Solo los más optimistas se atrevían a situarla entre las favoritas, y todavía menos los que la colocaban en la final. Bajas importantes, con Pau Gasol como ausencia principal, y la sensación de que había cierto agotamiento en una plantilla que no terminaba de convencer a muchos, no eran los mejores alicientes para comenzar un torneo de este calibre.

El inicio no fue tampoco el deseado. España vencía, pero no convencía, y hasta los más optimistas empezaron a dudar cuando llegaron los partidos clave. Pero la plantilla nunca lo hizo. Dos cuartos estratosféricos contra Serbia en segunda ronda bastaron para demostrar el poderío de esta selección: su espectacular defensa. Una defensa que emociona, y que se ha demostrado que gana tantos partidos (o más) que el mejor ataque.

Tras otro show defensivo contra Polonia, llegaba precisamente el mejor ataque del campeonato, el australiano, con un Patty Mills imperial durante todo el torneo, y también en estas semifinales, todo hay que decirlo. ¿Qué puedes hacer cuando vas por detrás todo el partido, y la distancia no se reduce? No dejar de creer. España ha demostrado en estas semifinales una sangre fría solo a la altura de los equipos más grandes. Ni en los peores momentos, cuando el reloj empezaba a avanzar demasiado deprisa, el tiempo se agotaba y la distancia se reducía, los de Sergio Scariolo bajaron los brazos. Así, punto a punto, la distancia se redujo. La fortuna (ese tiro libre de Mills fallado a 4 segundos del final) también influye, pero la selección había conseguido empatar un partido que parecía sentenciado, contra una de las mejores plantillas del campeonato. Esos jugadores por los que nadie apostaba apenas una semana antes, estaban a 5 minutos de alcanzar la segunda final de la historia de España.

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Necesitaron 10, pero la agonía valió la pena. Una segunda prórroga antológica demostró a los más agoreros, a los más críticos y a los más pesimistas, que la vieja guardia está hecha de otra pasta. Tenían a Australia donde querían, una Australia que no demostró la fortaleza mental de los españoles en los peores momentos, y no se les escapó el pase a la final. De nuevo, en la defensa estuvo la clave del éxito. En toda la prórroga, no hubo prácticamente ni un lanzamiento sencillo por parte de los 'aussies', que tuvieron que derramar sudor y sangre para aumentar su marcador.

EQUIPO.
EQUIPO. Instagram/@baloncestoesp

Con estos cinco hombres al fin del mundo

Ricky, Víctor, Marc, Sergi y Rudy llevan muchos campeonatos a sus espaldas, y se conocen a la perfección. Todos ellos tienen algo en común: alguna vez han sido vilipendiados por su papel en la selección. Ellos mismos se encargaron con los años de cerrar las heridas abiertas de uno y otro, formando un núcleo inexpugnable. Un núcleo que nos ha llevado a lo más alto, a falta de superar el último reto.

Con Marc realizando el mejor partido con la selección (33 puntos, tiros libres fundamentales, 6 rebotes y 4 asistencias), con Claver y Rudy organizando todo ese trabajo en la sombra que no se ve, pero que sin el cual España no hubiera llegado tan lejos, con Llull agotando a Mills y con Ricky llevando la batuta, España superó contra todo pronóstico a Australia y vuelve a una final del Mundial 13 años después. Cinco hombres que han hecho vibrar a todo un país, liderados por un entrenador (bastante infravalorado, por cierto) que ha planteado un sistema de juego con el que batir a España se antoja prácticamente imposible. Y no hay nada más importante que eso en competiciones cortas.

Queda un obstáculo, pero el reconocimiento a estos 12 hombres debe ser el mismo vuelvan con el oro o la plata. Y es justo también acordarse hoy de todos aquellos profesionales que cumplieron con creces en la clasificación al Mundial, cuando los mejores no estaban disponibles. Sin ellos, hoy no estaríamos aquí, a las puertas de otro oro mundial. Tanto los que nos clasificaron para el Mundial como los que nos han llevado a la final, han demostrado una lección de vida: que no siempre gana el mejor, sino el que más carácter e ímpetu demuestra. Eso quedará para siempre.

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