Mi primera vez en los casinos de Las Vegas: así sobreviví en el oasis 'cutre-chic'

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Mi primera vez en los casinos de Las Vegas: una experiencia tan divertida como surrealista

Las Vegas tiene el poder de no dejar indiferente a nadie, lo que puede ser positivo... o no, depende de tus gustos y expectativas. De todos modos, es visita obligada al menos una vez en la vida.

Por Guillermo Álvarez  |  14 Noviembre 2018

Cuando llegas al aeropuerto de una ciudad y te encuentras máquinas tragaperras a cada paso, sabes que no estás en un lugar cualquiera. Afortunadamente no sentí ese shock en mi primer contacto con Las Vegas, mi segunda parada de un road trip por Estados Unidos que había comenzado días atrás en Los Angeles (California). Más que otra cosa porque entrar en Nevada ya es todo un espectáculo, pues más allá de los carteles en los que se comunica que has cambiado de estado, es fácil identificar que has atravesado la frontera, con pequeños casinos o lugares en los que se da por hecho que allí el juego tiene una gran presencia.

Exterior del Palazzo y el Venetian, dos de los casinos más lujosos de Las Vegas
Exterior del Palazzo y el Venetian, dos de los casinos más lujosos de Las Vegas Guillermo Álvarez

Y entonces te vas acercando a la ciudad y emergen las siluetas de esos casinos que todos hemos visto en el cine o en series como 'CSI' o 'Las Vegas'. Por cierto, para los fans de la serie que protagonizaba Josh Duhamel, comentar que el Casino Montecito no existe. Anécdotas seriéfilas aparte, si entras por el sur te vas a encontrar los casinos más identificables como Mandalay Bay, Luxor o The Mirage, todos ellos y muchos más situados en Las Vegas Boulevard, calle más conocida como The Strip, el lugar en el que hay que estar.

Podría contar cómo perdí una mañana en un Outlet o cómo viví el fiestón en el que pinchó Calvin Harris, pero lo primero no le interesa a nadie, y lo segundo ya lo contaré, así que mejor me centraré en mi experiencia en los casinos de Las Vegas, donde todo puede ser muy divertido... o dar mucha pena. El hotel elegido por recomendación y porque entraba en el presupuesto fue el Stratosphere, cuya mayor particularidad es que su torre de 350 metros lo convierte en el edificio más alto de Las Vegas y del estado de Nevada. Entrar allí ya es todo un espectáculo porque lo primero que ves son máquinas tragaperras por doquier y gente jugando a todas horas. Porque sí, pases a la hora que pases, siempre hay gente dispuesta a tentar a la suerte buscando llevarse unas ganancias en forma de fichas que luego muy amablemente te cambian, si es que tienes ganancias, claro.

La ruleta es uno de los juegos más clásicos de Las Vegas
La ruleta es uno de los juegos más clásicos de Las Vegas Guillermo Álvarez

Además de las tragaperras, todas muy distintas entre sí y con unas luces hipnóticas que harían sentarse a probar fortuna hasta al enemigo más acérrimo del juego, del blackjack y de la ruleta, este casino en cuestión tiene establecimientos tan dispares como restaurantes de comida rápida, peluquerías, perfumerías, tiendas de magia o tiendas de regalos. Pero como hay mucha vida ahí fuera y sobre todo hay que ver la luz del sol, porque en los casinos corres el riesgo de perder la noción del tiempo, fue el momento de salir a ver mundo.

Poniendo rumbo al sur por The Strip, e intentando no sufrir un golpe de calor ante las altas temperaturas de esos primeros días de otoño, de otoño en el desierto, claro, fuimos encontrando los casinos más famosos. El primero de ellos fue Circus Circus, que metía un poco de miedo. Si alguien ha visto 'It' o recuerda la cama de payaso que construyó Homer Simpson a su hijo Bart, entenderá lo que digo. Vale, quizás esté exagerando, pero lo cierto es que el Circus Circus no es el casino más apetecible para visitar. El Wynn sí lo es, y fue el primero que mis acompañantes y yo visitamos por dentro. ¿Jugamos? No, no nos atrevimos a medirnos frente a la distinguida clientela que se estaba jugando los cuartos. Bueno, había de todo, pero no nos atrevimos, y punto. Paseamos, nos hicimos fotos cual turistas (lo que éramos), y disfrutamos levemente de un lujo que no nos pertenecía. Llegó entonces el encanto italiano con The Palazzo y The Venetian. El primero está bien, pero el segundo te transporta a la ciudad más icónica del país transalpino, donde hay incluso réplicas de los canales y los gondoleros cantan para amenizar el viaje de los acaudalados (o no) huéspedes (o no) que se dejan mecer por las tranquilas aguas canalizadas de este casino. ¿Es bonito? Se podría decir que sí, pero al pensar en este lugar, calcadito por cierto al The Venetian de Macao, en el que había estado tres años antes, me sale definirlo como cutre-chic. ¿Me gustó? Bueno... relativamente, pero tampoco voy a ir de digno cuando he estado ya en dos The Venetian...

Vista de las fuentes del Bellagio y parte de The Strip
Vista de las fuentes del Bellagio y parte de The Strip Shutterstock

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Bajando The Strip se alzan The Mirage y el impresionante Caesars Palace, pero lo mejor está por llegar, y no me refiero al Paris Las Vegas, que si bien es curioso ver una Torre Eiffel en el desierto de Mojave, se queda en nada frente a las fuentes del Bellagio. Desde 1998, deleitan a todo el que pasa con un espectáculo de agua, luces y música. Tiene unas 30 canciones, así que si no tienes otra cosa que hacer te puedes quedar un buen rato allí disfrutando del espectáculo, pero vamos, que con dos o tres tienes bastante, porque al final agobia un poco. Si todavía no te ha dado un ataque epiléptico con tanta luz, tanto neón y tanta fantasía, puedes seguir caminando calle abajo, y digo caminar porque The Strip es para pasearla, así que nada de transporte público o privado y vete andando hasta el final. Rumbo a ese final, donde aguarda el cartel de 'Welcome to Fabulous Las Vegas', se erigen el MGM, el New York-New York, el Excalibur, el Luxor y el Mandalay. Diseccionemos algunos de ellos, concretamente dos. El Excalibur es como un Exin Castillos que se quedó antiguo, muy antiguo, y no merece la pena. El Luxor decepciona al ver esa pirámide tan negra, pero tan sumamente negra que no se vería si no fuera por su iluminada cúspide.

Hagan juego

Al final había que jugar, pero... ¿dónde? Fácil respuesta, aunque quizás no fuera la más acertada. ¿Hay un lugar mejor que tu propia casa? O tu casa por unos días... porque sí, acabamos gastándonos los dólares en el Stratosphere. ¿Era bonito? No, ¿Elegante? Tampoco... ¿pero y la comodidad de tener el casino a dos pasos de la habitación? Eso también cuenta. Total, que aunque recomiendo caminar por The Strip, también insto a no volver andando si el hotel no queda especialmente cerca, que tampoco es cuestión de reventarse a lo tonto durante las vacaciones. Ya en ese paraíso cutre-chic que era el Stratosphere decidimos apostar unos dólares, que Estados Unidos es un país caro y nuestros recursos eran limitados. Como las máquinas tragaperras ya las había probado en el Casino de Estoril para 'hacer la gracia' y tampoco era para tanto, y el blackjack no lo entendíamos (o no lo queríamos entender), nos fuimos a la ruleta, concretamente una en la que había poca gente, porque nos daba un poco de vergüenza jugar sin tener ni idea.

Interior de un casino de Las Vegas
Interior de un casino de Las Vegas Guillermo Álvarez

El crupier nos dio las fichas y empezó el juego, en el que fui apostando de poco en poco (de muy poco en poco) para que durara la comedia. Mi plan era conseguir una ficha de recuerdo para mi hermano y ganar algo de dinero. Mientras tanto, en la misma mesa se encontraba un chico que decía que era su cumpleaños, y allí estaba él, solo, gastando dinero (bastante) en la ruleta y contándole a todo el que se sentaba a su lado que estaba festejando allí que cumplía un año más. Tras jugar, parar y seguir jugando, me retiré con mis objetivos conseguidos, mientras ese chico se quedó allí dejándose más dinero. A nuestro alrededor se quedaban también numerosas personas que apostaban y ganaban, pero seguramente también perdían. Las Vegas es diversión, pero esa diversión puede ser muy peligrosa si no sabes controlarte. Afortunadamente, yo sobreviví a ese oasis en medio del desierto, a ese oasis cutre-chic, pero lamentablemente otras no puedan decir lo mismo. El juego es divertido, pero también es peligroso, y eso debe ser siempre tenido en cuenta.

Tu viaje a Las Vegas puede ser una fantasía en la que te dejes los cuartos, puede ser lujo a raudales o puede resultar una experiencia cutre. Por ello he utilizado la expresión cutre-chic, porque además, aunque te alojes en los mejores hoteles de la ciudad, todo tiene un toque ordinario y ostentoso. Habrá mucho dinero, tiendas caras y habitaciones de lujo, pero no deja de ser cutre. Si alguien se siente ofendido con estas palabras, mis disculpas, pero es la sensación que me ha dado esta inmensa ciudad plantada en medio del desierto de Mojave. De todos modos, es recomendable para al menos una vez en la vida. Ese circo hay que verlo, y resulta realmente divertido. ¿Volveré? No lo creo, pero la experiencia ahí queda.

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