La frustración del periodista deportivo

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El periodismo deportivo y el síndrome del periodista frustrado

Son muchos los jóvenes apasionados al deporte que, al no ser uno de los pocos privilegiados que se dediquen a ello, acaban buscando en el periodismo deportivo transformar de alguna manera su gran sueño. Lamentablemente, al conocer este mundo, muchos de ellos acaban desilusionados.

Por Álex García  |  21 Noviembre 2019

La etapa de la niñez es sin duda la más bonita de toda la vida. Ignoramos tantas cosas, que es difícil encontrar preocupaciones 'reales'. Además, prácticamente no tenemos responsabilidades. Nos dedicamos a ir descubriendo el mundo, llenos de sueños e ilusiones. Y de eso queremos hablar hoy, de sueños e ilusiones que, conforme vamos creciendo y nos enfrentamos al 'mundo real', se empiezan a convertir en desilusiones.

A todos nos encanta el deporte, y fueron muy pocos los millennials que, hoy ya con veintipico años, no quisieron ser futbolistas cuando eran pequeños. Lamentablemente, el del fútbol no es un mundo fácil y se requiere de mucho talento, suerte y dedicación para poder llegar. De hecho, el 99% nunca llega. Aun así, la pasión sigue intacta y el sueño de seguir ligado al deporte nos permite seguir luchando.

Cuando el sueño de ser futbolistas y el balón se acabaron quedando de lado.
Cuando el sueño de ser futbolistas y el balón se acabaron quedando de lado. Shutterstock

"Mamá, papá, quiero ser periodista deportivo"

Aquí es cuando aparecen los que algunos llaman de forma un tanto cruel 'futbolistas frustrados': jóvenes entusiastas, apasionados por el deporte y la comunicación, que durante el instituto se van dando cuenta de que, de alguna forma, el periodismo deportivo los mantendrá ligados a su sueño. Que ellos en realidad de pequeños no querían ser Ronaldo o Ronaldinho, sino José María del Toro. Empiezan en Twitter, haciendo sus propios análisis postpartido de los grandes encuentros de la jornada. Se leen todas las crónicas y se miran todos los programas. Ellos solo quieren aprender.

Durante la etapa de bachillerato, encuentran un pequeño medio online donde poder empezar su carrera como periodistas. Empiezan a escribir semanalmente (y gratis, claro, aunque en ese momento no le das la importancia que tiene), a veces incluso sacrificando el tiempo de ocio por estar apurando esa crónica del último partido del sábado, pero para ellos merece la pena. Saben que esto es solo el comienzo de su sueño y que algún día estarán retransmitiendo directamente desde el estadio.

Máxima expectación y gran cobertura y, al final ¿para qué?
Máxima expectación y gran cobertura y, al final ¿para qué? Shutterstock

Se acaba el instituto y llega el momento de ir a la universidad. Ahí les esperan cuatro intensos y emocionantes años en los que buscan aprender todo lo necesario para llegar a ser los mejores periodistas deportivos. Pero aquí es justo aquí donde ese sueño empieza a parecer menos dulce y más amargo. El oficio del periodismo en sí puede ser o no lo que se esperaban, pero viendo el panorama, ahora lo tienen claro: "mamá, papá, ya no quiero ser periodista deportivo".

Aparece el 'periodista frustrado'

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Llegó la desilusión. Esto no es como se lo habían imaginado. La realidad es que el periodismo deportivo en la actualidad es cada vez menos periodismo y más espectáculo. El juego en sí ya no es importante, solo lo son sus protagonistas más mediáticos y todo lo que les rodea. Las portadas ya casi no las ocupan las grandes gestas, sino las polémicas entorno a estas, que siempre van a vender mucho más. Ya no es importante cuánto sepan, sino cuánto morbo son capaces de darle al deporte.

El 'futbolista frustrado' es ahora 'periodista frustrado', y está más frustrado que nunca. Él quería ser periodista, informar y hacer análisis, no ser un aficionado más al que le han dado la posibilidad de escribir sobre un partido. Al fin y al cabo, eso parecen muchos de los comunicadores de hoy en día: aficionados radicales incapaces de ver más allá de lo que dicen sus colores. Su equipo está por encima de todo, y cómo no, también por encima del periodismo. Y encima cobran, y bien, algo que no ocurre contigo.

Él solo quería informar, pero ahora mismo es una tarea difícil.
Él solo quería informar, pero ahora mismo es una tarea difícil. Shutterstock

Al 'periodista frustrado' también le frustra ver que sus 4 años de carrera estuvieron desaprovechados, pues nunca tuvieron una asignatura llamada 'morbo y espectáculo'. Ellos no querían ser showman, y mucho menos actores de teatro. Querían ser periodistas, sí, pero no de prensa rosa, donde la vida privada del sujeto tiene casi más importancia que el propio deportista. Y no es que critiquen esa subcategoría del oficio, pero, simplemente, no se querían dedicar a ella.

Con el golpe de cruda realidad, este individuo soñador ahora pasa a llamarse 'periodista frustrado'. No es el fin del mundo, por supuesto, pero las ilusiones que tenía se han esfumado. Podría esforzarse y dedicarse a ello, pero lo cierto es que ya no le apetece. "Si tanto te molesta, haz tú algo por cambiarlo", le dicen desde su entorno, pero no saben que este mundo está ya tan contaminado que, por más que lo intente, sus esfuerzos probablemente sean en vano.

Cada vez menos deporte, cada vez menos periodismo

Efectivamente, no es el fin del mundo, ni mucho menos, pero ahora el 'periodista frustrado' tiene que buscar otro oficio, tal vez dentro del mismo gremio, que le apasione y le ilusione tanto como aquel que tenía desde que era solo un niño. Algunos afortunadamente lo consiguen. Otros, en cambio, siempre estarán frustrados. En cualquier caso, el mundo del periodismo deportivo se sigue transformando y los que llegan, casi siempre son para unirse al sistema establecido, y no para intentar cambiarlo.

Un periodismo donde a veces la exclusiva está por delante del rigor y la profesionalidad.
Un periodismo donde a veces la exclusiva está por delante del rigor y la profesionalidad. Shutterstock

Por supuesto, el periodismo deportivo es pasión, es sentimiento, pero una cosa es eso, y otra muy distinta que se vuelva una competición de ver quién grita más y quien puede salirse más de sus casillas por su equipo. Es deporte, sí, pero no deja de ser periodismo, o por lo menos no debería dejar de serlo. No es posible que la inmediatez haya adquirido tal peso que el rigor periodístico desaparezca en pro de tener la mejor exclusiva.

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El periodismo deportivo se ha convertido en una guerra de egos, sin tregua y con muchos bandos. El periodista ya no entrevista, ahora increpa y recrimina. No busca datos o información, sino la respuesta más polémica posible para poder ponerla al día siguiente en primera plana. Podemos decir que prácticamente estamos presenciando la muerte del periodismo deportivo. Nos guste o no (eso es respetable), este oficio habla cada vez menos de deporte y no entremos ya en si se puede seguir considerando periodismo.

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