Por qué los millennials no confían en las empresas

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Los millennials plantan cara al modelo de empresa tradicional

Una encuesta realizada a más de 10.000 millennials relata la pérdida de confianza de los jóvenes en las empresas por tener unos valores diferentes y dedicarse exclusivamente a obtener ganancias y rentabilidad económica en vez de apostar por un mayor compromiso social y medioambiental.

Por Guillermo Galindo  |  02 Enero 2019

2019 promete ser un año convulso, lleno de cambios, sorpresas y reivindicaciones. Es probable que la mayoría vengan propiciados por el empuje de los millennials, cada vez con mayor presencia e importancia en la sociedad, a pesar del intento de otras generaciones por minusvalorar y torpedear a estos como propulsores del cambio social y laboral.

Son precisamente estos dos últimos aspectos, sociedad y trabajo, de los que vamos a hablar en el artículo. Porque uno de los propósitos de los millennials en este nuevo año, siempre que les dejen, es acabar con un sistema laboral con el que no se sienten cómodos y unas empresas con las que no se identifican. Así lo atestigua la auditoría y consultoría Deloitte, que en el ya habitual estudio de los millennials que realiza anualmente nos deja claro que los jóvenes tienen otro modelo de empresa en mente muy diferente al actual, lo que explica los conflictos y la poca fidelización.

Los millennials no quieren formar parte del modelo de empresa que todos conocemos.
Los millennials no quieren formar parte del modelo de empresa que todos conocemos. Shutterstock

No hay nada como los datos para explicar esta situación. Deloitte ha realizado 10.455 encuestas a millennials y 1.844 a la generación Z, que la consultoría enmarca entre los nacidos en 1995 y 1999. Pues bien, el 43% de los millennials se ven fuera de la empresa en la que están en dos años, y únicamente el 28% apostaría a que permanece más de cinco. En el caso de la generación Z la situación es aún más drástica, con el 61% de los encuestados asegurando que dejará su trabajo si se le presenta otra oportunidad. Unas cifras que nos hablan de la inestabilidad del empleo actual, ya sea por la crisis o, como apunta el informe, por la ausencia de valores en las empresas.

Es esta una de las claves por las que las empresas están tan mal vistas entre una juventud que entiende que dichos organismos no deberían centrarse exclusivamente en los resultados financieros, sino también en abordar otras labores para mejorar como sociedad, un pensamiento que más del 60% no ve realizado en sus puestos de trabajo.

La encuesta profundiza más en la brecha entre millennials y empresas y realiza un listado sobre los aspectos principales que los jóvenes exigen en las corporaciones en las que se encuentran. Un mayor compromiso social y medioambiental, mejores condiciones para los trabajadores o la creación de nuevos y diversos empleos son los puntos fundamentales. Sin embargo, según los propios encuestados, las empresas fijan la mirada en otros derroteros, como la búsqueda del beneficio óptimo, la mejora de la producción y la rentabilidad y la venta de productos y servicios. Con objetivos tan diferentes es complicado llegar a buen puerto. Y la situación va a peor, como vemos reflejado en la comparativa que mostramos a continuación:

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  • El 75% denuncia que las empresas se centran en sus propias agendas en vez de preocuparse por la sociedad. En el informe de 2017 era un 59% el que así lo estimaba
  • Menos de la mitad (el 48%) piensan que sus empresas son éticas. En 2017 era el 65%
  • Solo el 44% cree que los líderes empresariales están comprometidos en mejorar la sociedad. El año pasado era el 62%

Este último punto nos habla de otra de las realidades entre los millennials, la desconfianza plena y absoluta con los dirigentes que nos rodean. Con los líderes religiosos (el 52% considera que tienen un impacto negativo en la sociedad) y políticos (el porcentaje aumenta hasta el 71%) los resultados son aún más sorprendentes.

La actitud de los dirigentes de las empresas está pasando factura entre los millennials.
La actitud de los dirigentes de las empresas está pasando factura entre los millennials. Shutterstock

¿Quiere decir esto que somos la generación revolucionaria o que nuestros padres no quisieron trabajar en una empresa mejor y más comprometida cuando tenían nuestra edad? Seguramente sus ideales estuvieran incluso más arraigados, pero el empresario conocía la necesidad económica de los trabajadores y por ahí ganaba la eterna batalla. En la actualidad, y siempre bajo la generalización, tanto los millennials como la generación Z cuentan con un colchón familiar que las anteriores generaciones no disfrutaron, lo que les puede convertir en más difíciles de controlar. Además, educados en un mundo cada vez más inmediato y que devora etapas como tapas, parece una utopía verlos en un mismo trabajo rutinario durante décadas.

Los más jóvenes vienen con las ideas claras

Estos problemas de los que venimos hablando y que ponen en jaque a las empresas tradicionales no harán más que agravarse con las nuevas generaciones. La generación Z, a los que Deloitte ya ha empezado a dar voz y voto, no pretende quedarse atrás en lo que respecta a sus reivindicaciones. De hecho, ocho de cada diez sostienen que una empresa debe ser más que cifras, números y rentabilidad. También mantienen la sensación de pesimismo adquirida por sus hermanos mayores. Entre el 43 y el 46% de los encuestados de la generación Z están seguros de que tendrán menos oportunidades laborales que sus padres, lo que nos habla de un problema estructural sin una fácil solución. La precariedad ha venido para quedarse.

Los jóvenes buscan a la hora de trabajar un lugar en el que sentirse como en casa.
Los jóvenes buscan a la hora de trabajar un lugar en el que sentirse como en casa. Shutterstock

Los datos en España

¿Qué hay de España? De los 300 millennials encuestados en territorio español se pueden sacar varias conclusiones. La primera de ellas es que el hartazgo es mayor que la media global. Si antes comentábamos que el 44% afirmaba que los jefes empresariales podrían mejorar la sociedad, en España solo el 27% está de acuerdo. En cuanto a los políticos, solo el 14% los valoran positivamente, una muestra más de la situación política del territorio.

No todo es negativo entre los millennials españoles. Por ejemplo, hay un mayor grado de esperanza con respecto a otros años en la situación económica del país. Un 49% cree que la economía mejorará en un futuro cercano, trece puntos más que en el informe de 2017. No obstante, solo el 36% espera ser más feliz que sus padres, una cifra más baja que la media, situada en el 43%.

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El modelo empresarial está en entredicho por una generación que ni calla ni tiene la necesidad de hacerlo, con nuevos valores sociales y laborales que querrá ver implementados en el lugar en el que pasa buena parte de su día. Por tanto, más allá de las siempre importantes condiciones económicas, lo que buscan los millennials en una empresa es estar abierta a la diversidad y, sobre todo, a la flexibilidad laboral. Esto último es esencial, ya que es la principal razón por la que los jóvenes ven con buenos ojos quedarse cinco años o más en un trabajo. Si durante el tiempo que lleven en la empresa comprueban que existe una flexibilidad laboral adecuada, las posibilidades de que quieran continuar ahí serán mucho mayores.

Flexible, abierta, con valores. Que les ayude a mejorar las habilidades personales, la confianza, la integridad y ética, el pensamiento crítico y la creatividad. Los millennials no quieren estancarse al empezar a trabajar, quieren seguir formándose como personas. Las empresas deberían tenerlo en cuenta y escucharlos, más que nada por su propio bien. Si no será difícil mantener una relación estable.

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