Llorar no es de débiles: los hombres sí lloran (o deberían)

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Del "no seas nenaza" al "los hombres no lloran": otra trampa más de la sociedad

Cuando vemos a la gente llorar se nos parte algo dentro. Este sentimiento se multiplica si es un hombre: sentimos pena, rareza... etc. ¿Por qué no estamos acostumbrados a ver llorar a los hombres? Es decir, ¿por qué los hombres no lloran?

Por Celia Varona  |  31 Julio 2019

Los hombres no lloran. ¿Cuántas veces hemos oído esta frase en cualquier lugar? Desde diálogos de películas conocidas, series de televisión y demás productos de medios hasta en nuestro día a día. De pequeños o en charlas con nuestros amigos. esta frase que podíamos decir que es parcialmente verdad, es sin embargo totalmente errónea. No es que los hombres no lloren, es que está mal visto que lo hagan. Y, al igual que en cualquier comportamiento a nivel social, si no está bien visto, evitaremos hacerlo para que no se nos margine de una u otra forma.

De entre todos los tópicos habidos y por haber, sin duda este es uno de los más extendidos. A priori, podemos pensar que se debe a factores fisiológicos (los más absurdos dirán que es debido a la biología). Sin embargo, como todos los tópicos, que los hombres no lloren no es más que un condicionamiento social. No existe un trabajo emocional desarrollado y la construcción de la masculinidad impide que esto pueda darse.

La premisa principal es: "si lloras eres una niña y, como ser una niña 'está mal', llorar también". Por tanto, llorar se percibe como una muestra de sensibilidad y debilidad y, si quieres ser un hombre fuerte, no debes mostrar debilidad.

No lloramos porque no queremos ser débiles, sino mejores que otros

Tradicionalmente, el llanto se ha asociado con la tristeza y la desesperación, con la incapacidad de superar un problema y de reaccionar ante una situación. Nada más lejos de la realidad. Llorar es una reacción de nuestro cuerpo ante un cúmulo de situaciones: se llora para descargar rabia, para sobreponerse a la presión o ante una situación hiriente. A pesar de lo extendida que está la idea de que se puede llorar de felicidad, recientes estudios han demostrado que se llora para liberar estrés en momentos en los que el cuerpo siente bienestar o euforia. En definitiva, lloramos cuando tenemos sentimientos.

Si algo se puede aprender de 'Inside Out' es que llorar y mostrar tus emociones puede salvarte de situaciones complicadas.
Si algo se puede aprender de 'Inside Out' es que llorar y mostrar tus emociones puede salvarte de situaciones complicadas. Pixar

Sentimientos y emociones. Ser emocional y sensible se ha considerado siempre una muestra de debilidad. El afecto a los otros parece que también. La empatía y los cuidados (desde tiempos inmemoriales asociados única y exclusivamente a las mujeres) también están mal vistos en ellos.

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En una sociedad tan consumista y mercantil como la de hoy en día, lo importante es producir. Las grandes empresas buscan el bienestar de sus trabajadores con el único propósito de que produzcan más, los anuncios y mensajes que recibimos llaman a la competitividad, no a la búsqueda de concordia y comprensión, y la inmediatez de las situaciones nos aleja de la racionalidad y el conocimiento interior hacia respuestas mecánicas.

Así es cómo, poco a poco, hemos ido alejando los sentimientos (los hombres más que las mujeres) de nuestras vidas en la sociedad actual, como si de '1984' se tratara. Esto perjudica las relaciones entre nosotros como iguales, ayuda a consolidar una desigualdad implícita entre hombres y mujeres en las interacciones afectivas y desarrolla comportamientos egoístas.

La necesidad de llorar y reír

Llorar y, en definitiva, expresar nuestros sentimientos, tienen más cosas positivas de las que creemos: no solo nos ayuda en confiar en nuestra gente, sino que fomenta las relaciones sanas y el conocimiento de uno mismo. Si lloramos, reflexionamos sobre nuestras emociones y no las rechazamos, tendremos menos probabilidades de ser una bomba de relojería. Evitaremos comportamientos emocionalmente extremos, como la tristeza absoluta o la violencia. Expresar los sentimientos ayudará a que las otras personas puedan empatizar con nosotros, comprendernos y ponerse en nuestro lugar. Esto ayudará a la mejora de los problemas entre cualquier persona.

En general, los hombres tienen un miedo extremo a que les vean llorar, un miedo inconsciente, por lo que muchos son incapaces de derramar una lágrima incluso en momentos bastante duros. Frente a esto, se necesita un trabajo emocional constante y de autoconocimiento.

Claro está que esto no es un axioma entre el género masculino, la sensibilidad de cada uno es un factor muy importante, y la personalidad en general también. Pero también lo es el factor cultural. Una reflexión: ¿es la misma reacción si llora un adolescente que una adolescente porque se ha caído? En general, las niñas tienden a estar más sobreprotegidas y más cuidadas. Los niños reciben el mensaje de: "no llores, anda, sé un hombre".

Si nos cohíben en nuestra adolescencia a llorar, es muy complicado que superemos ese problema.
Si nos cohíben en nuestra adolescencia a llorar, es muy complicado que superemos ese problema. Shutterstock

Es necesario entender que las emociones no están mal

Como ya hemos mencionado anteriormente, esto no es algo inevitable y que no se pueda cambiar. Es más, el saber gestionar las emociones y respetarlas cuando vienen a nosotros es una de las claves para el equilibrio y el bienestar.

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Nuestra labor como adultos es muy necesaria, no podemos quitar validez a las emociones de los niños, sino reforzar sus sentimientos cuando los expresan: tenemos que hacer entender que no están mal. Y por supuesto, lograr que nuestro círculo comprenda que no está mal llorar.

Así como luchamos cada día por combatir el machismo en las calles, también tenemos que hacerlo de puertas cada dentro, con familia, pareja y colegas. Y, para ello, se necesita autocrítica y revisión.

La inteligencia emocional es un factor clave para construir relaciones sanas y evitar caer en las trampas egoístas e individualistas que existen en la sociedad. Imaginemos cuántos malentendidos, peleas, rupturas, traiciones y sufrimiento podrían evitarse si, antes de llegar a eso, hubiéramos expresado nuestros sentimientos y reflexionado y compartido los mismos con los interesados.

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