L'Équipe nos recuerda que la homofobia en el mundo del deporte continúa

L'Équipe

¡Sorpresa! El mundo del deporte y los aficionados que lo rodean siguen siendo homófobos (spoiler, no es una sorpresa)

L'Équipe intenta avanzar y la gente se empeña en retroceder. En el tira y afloja, la situación es la misma que hace décadas: el deporte, en manos de la homofobia.

Por Guillermo Galindo  |  03 Mayo 2019

El diario L'Équipe ha destacado siempre por ser uno de los máximos exponentes de lo que debería ser un medio deportivo: plural, que trate con el mismo cariño todos los deportes, y que sea referencia para los lectores gracias a conservar un valor cada vez más ausente en la competencia: la fiabilidad.

¿Cómo se alcanzan estos objetivos? Con especiales como el que el periódico francés lanzará el sábado 4 de mayo en su magazine semanal y cuyo titular lleva el siguiente nombre: "Besad a quien queráis: deporte contra homofobia".

En la portada aparecen dos jugadores de waterpolo besándose, y el reportaje ahondará en las dificultades que tienen los homosexuales de realizar su carrera sin problemas en el deporte profesional. Porque que existe la homofobia en el deporte es un hecho innegable, da igual que sea en el rugby, donde incluso el excapitán de la selección galesa, Gareth Thomas, uno de los primeros en anunciar públicamente su homosexualidad, sufrió una agresión por dar el paso; o en el fútbol, donde, hoy en día, ningún jugador de las principales ligas ha salido del armario, y no por falta de gays en la profesión, seguro. Que no tienen por qué hacerlo, ojo, al fin y al cabo nadie realiza un comunicado para anunciar que es hetero, pero sí ayudaría a visibilizar y normalizar que el fútbol (y el deporte en general) no están, o al menos no deberían estarlo, alejados de la homosexualidad.

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La realidad es otra. A pesar de ser 2019, deporte, masculinidad tóxica y homofobia parecen igual de ligados que toda la vida. Porque en los campos de fútbol ya no se cantan cosas como "Míchel maricón" o "Guti maricón", pero en vez de por una evolución real del aficionado, parece que es porque no tienen a quién cantárselo, y si lo tienen su nombre no pega bien con el cántico.

El problema no reside solo en España. De hecho, España es uno de los países más tolerantes del mundo, aunque la homofobia siga tan intrínseca al deporte como en cualquier otro lugar del mundo. Pero no es que en Francia vayan mejor, ni mucho menos. Solo hay que ver las reacciones que ha deparado la portada y la temática del nuevo número por parte de cierto sector de la sociedad francesa. En Twitter es un cuadro, pero en Facebook ya pasamos a la categoría de drama.

Algunos amenazaban con dejar de estar suscritos (que habría que ver si realmente lo estaban), otros simplemente se dedicaban a insultar y los últimos comentaban que ya está bien de darles protagonismo a otros colectivos, que por qué no dedican un especial a la heterosexualidad en el deporte. ¿Quizás porque ni un solo deportista en la historia lo ha pasado mal por ser hetero? No sé, es lo que se me ocurre así de primeras. Lo que busca esta gente es seguir invisibilizando a uno de los grupos más invisibilizados del colectivo LGTBI, los y las deportistas homosexuales.

Estaba claro que, al poner el foco sobre el problema, muchos de los que viven cómodos sin pensar en los demás iban a poner el grito en el cielo. "¿CÓMO OSÁIS INTENTAR CONCIENCIARME DE ALGO?", habrán gritado como posesos en sus casas. Total, que el pobre CM de L'Équipe se ha hartado de contestar y dar zascas a diestro y siniestro a los detractores de Twitter y Facebook. Se ha ganado el sueldo, la verdad. Más que por el tiempo, por la paciencia.

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Otra cosa es que haya tenido éxito, porque a los haters y a los trolls es muy difícil convencerles o hacerles cambiar de opinión. Pero seguro que a alguno de la gran masa que ni se había planteado el problema existente le hará reflexionar, y con eso será suficiente. Terminar con la homofobia en el deporte llevará (mucho) tiempo, y cada paso que se dé hacia ello, por pequeño que sea, suma. Y el de L'Équipe es un paso de gigante.

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