En memoria de Daniel Johnston, un artista diferente

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Daniel Johnston, luz y tinieblas: el músico de culto nos deja para siempre sus atormentadas canciones

La vida de Daniel Johnston no fue sencilla. Sin embargo, el músico ha conmovido e inspirado a toda una generación. Navegamos entre sus luces y sus sombras para rendirle un homenaje a nuestra manera.

Por Juan Ángel Asensio  |  17 Septiembre 2019

Un 22 de de enero de 1961 nacieron, seguramente, cientos de miles de niños. Uno de ellos (que nunca jamás dejaría de ser precisamente eso, un niño) murió el pasado 10 de septiembre. Su nombre fue y será por siempre Daniel Johnston. Quizá no te suene de nada, o quizá sí, pero todos deberíamos conocerle.

Principalmente, porque su historia es también la tuya. La historia de alguien buscando desesperadamente la luz en un mundo envuelto en sombras. Porque, seamos sinceros ¿quién de nosotros no trata de alcanzar la redención y la plenitud mientras enfrenta una batalla mortal contra sus propios fantasmas? Cada uno, por supuesto, tiene su forma de emprender esta búsqueda. Por suerte para nosotros, el camino tomado por Daniel Johnston fue el arte.

Es inevitable, aunque uno no quiera, hablar de la vida y obra de Daniel Johnston sin referirse a sus enfermedades mentales, entre las que figuran brotes de esquizofrenia, trastorno bipolar extremo o una paranoia que jamás le abandonaría. Seguramente de ahí (y gracias extraordinario documental 'El diablo y Daniel Johnston') surge esta imagen del músico creando en la impenetrable penumbra de su sótano canciones estremecedoras y ansiosas de luminosidad, esta estampa de un hombre mentalmente enfermo cuya única forma de hallarse en el mundo es mediante la creación artística.

La vida, la obra, la persona

Su obra es un reflejo de vida. Y sí, cualquiera podría decir que esto es extensible a la mayoría de artistas. Pero en el caso de Johnston, su obra es tan descarnada, tan inocente y abierta que no puede entenderse sin conocer su situación personal. No podríamos sumergirnos en sus delicadas canciones de amor sin saber que la sonrisa de una chica llamada Laurie Allen le causaría una obsesión tremenda durante gran parte de su existencia, ni se podría explicar ese dolor tan profundo que Johnston plasmaba en sus canciones más oscuras sin ser conscientes de la fatídica relación que tuvo siempre con sus padres y que se desencadenó en una soledad autoimpuesta y definitiva.

Estas canciones de una belleza absolutamente cegadora han inspirado a algunos de los músicos y bandas más visibles y geniales de las últimas décadas. Ahí tenemos a Wilco, Beck o Flaming Lips. Sin embargo, si la música de Johnston conectó de forma especial con alguien, ese fue, sin duda, Kurt Cobain. El líder de Nirvana siempre mostró su infinita admiración por él, y suya en fue, en parte, la culpa de que el mundo conociera a Daniel Johnston, quien hasta entonces había permanecido en círculos mucho más pequeños y ocultos.

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A partir de entonces, decenas de músicos citarían a Johnston como una de sus máximas influencias. Su sonido sucio (Johnston fue uno de los pioneros de lo que más tarde vendría a llamar lo-fi), sus letras personalísimas y su timbre de voz, delicado y asonante, pasarían de permanecer en un húmedo sótano de Sacramento a crear una nueva forma de hacer y entender la música.

Esto haría que Daniel Johnston comenzara a dar giras alrededor del globo. Nunca llenó grandes recintos, ni encabezó un macro festival, pero conseguiría colarse en el corazón de cada uno de los oyentes que asistían a sus conciertos. Quien haya asistido a alguno lo sabe: sus presentaciones en directo eran caóticas e imprevisibles, llenas de errores, olvidos de la letra, y desafines. Esto en cualquier otro músico habría sido el acabose. No obstante, lo que para otros habría sido una falta imperdonable, para Johnston constituía un acierto pleno. Y la razón es bastante simple: aquello era real. Pocas veces uno tiene la oportunidad de ver a un artistas en completa expresión de sí mismo, algo que Johsnton conseguía como nadie. Mantenía la mirada en el suelo, fija, sus movimientos eran completamente erráticos y espasmódicos, su forma de tocar y cantar estaban exentas de cualquier virtuosismo y, sin embargo, de una forma que nadie podría explicar, sus shows eran hermosos y arrebatadores.

A pesar de este éxito (si así lo podemos llamar) y de la extensa influencia que Daniel Johnston ejercería en algunos de los héroes musicales de los últimos tiempos, su infierno interior continuaría ardiendo hasta su muerte. Aquella era la verdadera lucha, la batalla definitiva por la luz, desde la oscuridad del sótano de la casa de sus padres.

Una de sus canciones más conocidas, por no decir la que más, tiene por título 'True Love Will Find You in the End', y eso es lo que esperamos que Daniel Johnston haya encontrado en el final. Nunca lo sabremos, por supuesto, pero al menos queda el consuelo de poder seguir escuchando su obra, extraña, luminosa, perversa y reconfortante, siempre reconfortante, como todo aquello que desvela nuevas aristas en el alma humana. Muchas gracias, Daniel. Esperamos que haya luz estés donde estés.

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