Así es el fútbol japonés: historia, curiosidades y actualidad

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El fútbol en Japón, o cómo Oliver y Benji cambiaron para siempre la tradición

Aunque llegó al país asiático en el siglo XIX, el fútbol fue un deporte minoritario hasta la década de los 80 gracias al anime, y no se profesionalizó hasta 1993. Desde que organizó el Mundial de 2002, el fútbol japonés ha apostado por un modelo de organización que ha dado sus frutos. Ahora, con Iniesta y Torres como estandartes, la J. League pretende dar el golpe definitivo y convertirse en la mejor liga de Asia.

Por Guillermo Galindo  |  01 Agosto 2018

Fernando Torres, David Villa y Andrés Iniesta comparten amistad, goles históricos para la Selección Española y un mismo destino: la J1 League, la liga japonesa que se disputa de febrero a diciembre. Sagan Tosu y Vissel Kobe cuentan en sus filas con tres de los futbolistas más importantes de los últimos años, lo que supone el boom definitivo para una interesante liga que no ha hecho más que crecer desde que se profesionalizara en 1993. Es hora de conocer de cerca los secretos de la J1 League y del fútbol japonés con un repaso a su historia.

Una Copa al borde del centenario

Japón no es un país tradicionalmente futbolero, aunque los primeros contactos con el balón tuvieron lugar en 1873, cuando los oficiales de la Armada Británica llevaron el football a Yokohama. No obstante, para un país aficionado desde hace siglos al sumo, al kárate o al tiro con arco, eso de dar patadas a un esférico no terminaba de parecerle interesante. Si había que jugar con una pelota, preferían hacerlo al béisbol. A pesar de ello, es el balompié el que cuenta con la competición deportiva japonesa más antigua, la actual Copa del Emperador, que se disputó por primera vez en 1921.

La Federación Inglesa de Fútbol donó a la recién creada Asociación Japonesa de Fútbol un trofeo de plata con el que disputar un primer torneo. En plena etapa de expansionismo japonés, en aquellos primeros años de competición participaban, además de equipos amateurs del país nipón, otros que provenían de las colonias de Corea y Taiwán. En la II Guerra Mundial el trofeo se fundió debido a la escasez de metales, pero en 1947 el emperador Hirohito mandó crear uno similar y lo renombró como Copa del Emperador y desde 1967 se acordó que la final se disputase cada 1 de enero en el Estadio Olímpico de Tokio para cerrar la temporada, fecha que se mantiene hoy en día.

Andrés Iniesta podría ganar la Copa del Emperador. Su equipo, el Vissel Kobe, continúa en el torneo.
Andrés Iniesta podría ganar la Copa del Emperador. Su equipo, el Vissel Kobe, continúa en el torneo. GTRES

Los clubes eran las empresas japonesas

Por aquel entonces ya se había creado una liga de fútbol, la Japan Soccer League (1965-1992). Para explicar su origen es necesario regresar al béisbol y a la guerra. Desde que llegó a Japón en 1872, el béisbol arrasó entre los jóvenes, que lo practicaban en todas las regiones del país. La primera liga tuvo lugar en 1936, aunque fue en 1950 cuando se profesionalizó de forma oficial. La influencia estadounidense en Japón tras la II Guerra Mundial transformó el país, y por supuesto el deporte. Un empresario decidió adoptar el modelo de la Major League Baseball de EEUU con la actual Nippon Professional Baseball.

El rasgo más característico de esta nueva competición era que los equipos estarían formados por las empresas que dominaban el mercado nipón en ese momento, todas ellas ajenas al deporte. La medida fue un éxito, por lo que quince años más tarde se decidió repetir la fórmula, esta vez en el fútbol, con la Japan Soccer League. Aunque carecía del carácter profesional del béisbol, ocho importantes empresas se apuntaron en 1965 a la primera edición: Furukawa Electric (ahora JEF United), Hitachi (Kashiwa Reysol), Mazda (Sanfrecce Hiroshima), Mitsubishi Motors (Urawa Red Diamonds), Yanmar Diesel (Cerezo Osaka), Nippon Steel, Toyota Automatic Loom Works (Toyota Industries S.C.) y Nagoya Sogo Ginko (Nagoya WEST). Los jugadores eran los propios trabajadores.

Mazda dominó los primeros años de la competición, con cuatro títulos seguidos.
Mazda dominó los primeros años de la competición, con cuatro títulos seguidos. 123RF

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Auspiciados por el histórico bronce de Japón en fútbol en los Juegos Olímpicos de México 68, los equipos comenzaron a ofrecer a sus jugadores mayores facilidades para la práctica del fútbol, como la reducción de la jornada laboral para que pudieran entrenar por la tarde. A pesar de la apuesta inicial (en 1972 se creó una Segunda División ante la demanda de equipos), la afluencia de público a los estadios era mínima. Ni la selección, que no lograba clasificarse para los mundiales, ni los clubes atraían a una sociedad centrada en otros deportes. Durante la década de los 70 se decidió apostar por jugadores extranjeros (un máximo de cinco por plantilla) para revitalizar la liga, y el fichaje de Yasuhiko Okudera por el 1.FC Köln alemán en 1977, que le convertía en el primer futbolista japonés en fichar por un conjunto internacional, fue recogido con entusiasmo por todo el país. Sin embargo, el verdadero despegue del fútbol nipón llegaría gracias a dos jugadores que ni siquiera existían en la realidad. Sus nombres son Oliver Atom y Benji Price. ¿Os suenan?

"Allá van con el balón en los pies..." y ya nadie los pudo detener

En 1981, Y?ichi Takahashi creó el manga Captain Tsubasa, que narraba las aventuras de Tsubasa Ozora (Oliver Atom en España), un joven que soñaba con ser futbolista profesional. Apenas dos años después se desarrolló el anime con el mismo nombre (en España Campeones: Oliver y Benji), todo un éxito a nivel global que marcó a una generación de jóvenes que querían ser tan líderes como Oliver, tan decisivos como Benji Price y tan buenos como Tom Baker. En Japón se desató la futbolmanía. Las categorías inferiores de los equipos de la Japan Soccer League se llenaron, y el Gobierno vio en este deporte una herramienta para combatir el creciente número de suicidios entre los menores de 20 años.

Era el momento de profesionalizar el fútbol y dotarle de una categoría superior, similar a la que ostentaba el béisbol desde hacía décadas. El impulso de Saburo Kawabuchi, mítico exjugador nipón, fue clave. En 1991 nacía la J. League (Japan Professional Football League), que crearía en 1993 la primera liga de fútbol profesional de Japón, la J1 League, con diez equipos: Gamba Osaka, Sanfrecce Hiroshima, JEF United, Yokohama Flügels, Urawa Red Diamonds, Nagoya Grampus Eight, Kashima Antiers, Shimizu S-Pulse, Verdy Kawasaki y Yokohama Marinos.

Estos dos últimos dieron el pistoletazo de salida en el partido inaugural en el Estadio Olímpico de Tokio, que congregó a más de 60.000 personas. El fútbol se consagraba definitivamente en Japón, o esa fue la sensación durante los primeros años. El fervor de la población nipona, los abundantes presupuestos de los equipos y un formato similar al del fútbol sudamericano, con Apertura y Clausura, atrajeron a viejas glorias del deporte rey, que firmaron suculentos contratos en Japón para poner allí fin a su carrera. Zico, Gary Lineker, Pierre Littbarski, Julio Salinas o Txiki Begiristain entre otros aterrizaron en los 90 en la J1 League.

25 años de errores y aciertos, y un futuro prometedor

Este derroche era posible gracias al contundente apoyo económico del Gobierno al fútbol japonés. De hecho, una de las tres principales normas de los estamentos de la liga era que los clubes debían sufragarse con dinero de los gobiernos locales o de patrocinadores. Las otras dos eran que los equipos debían jugar en su región y que los estadios debían tener capacidad para al menos 15.000 personas.

Una fuerte apuesta por el deporte-espectáculo que terminó siendo un fracaso. La J1 League perdió seguimiento debido a sus constantes cambios en las reglas, y la media de entrada apenas superaba los 10.000 espectadores, a pesar de que la selección nacional lograba en 1998 clasificarse por primera vez en su historia a un Mundial.

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La crisis económica que sufrió el país significó el golpe definitivo a la estructura de la J1 League. La incapacidad de los gobiernos locales y empresas de mantener el nivel financiero en el que se movían los equipos en la primera mitad de los 90 terminó con la política de contratos millonarios y viejas estrellas europeas. En 1999, uno de los equipos fundadores, el Yokohama Flügels, se declaraba en bancarrota y anunciaba su desaparición.

Tras unos años difíciles, el fútbol japonés se ha recuperado y está atrayendo de nuevo a estrellas.
Tras unos años difíciles, el fútbol japonés se ha recuperado y está atrayendo de nuevo a estrellas. GTRES

Esto supuso un punto de inflexión para la Asociación Japonesa de Fútbol y para el gobierno nipón, que acababa de lograr la celebración del Mundial 2002 en su país. Entre ambos reformaron profundamente el modelo futbolístico de la J. League. Se creó la J2 League, se redujo el número de extranjeros a tres y se fomentó la creación de unas canteras profesionalizadas basadas en el compromiso de cada club por promover el fútbol en las comunidades a las que pertenecían. El desafío tuvo consecuencias positivas, y desde 2002 la progresión ha sido clara, lo que ha convertido a la J1 League en la segunda liga de fútbol más importante del continente asiático, solo por detrás de la china. En la actualidad cuenta con 18 equipos y uno de ellos, el Urawa Red Diamonds, ganó la Champions League Asiática (AFC) en 2017.

Aunque el formato no termina de asentarse (del sistema sudamericano se ha pasado al europeo en varias ocasiones en apenas dos décadas), sí lo ha hecho la afición, con buenas cifras de asistencia a los estadios y una fidelidad al fútbol cada vez más parecida a la del resto del mundo. Además, los 'Samurai Blue', mote con el que se conoce a la selección nipona, han participado en todos los Mundiales desde 1998, un ejemplo más de que se están haciendo las cosas bien en los últimos años. La llegada de Torres, Villa e Iniesta no es más que la confirmación de que el fútbol japonés va a más, y esta vez de manera firme.

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