Del extrarradio a la ciudad: la odisea en el camino a la universidad o al trabajo

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El largo camino a la universidad o al trabajo: una odisea sin más solución que la resignación

Charlamos con dos estudiantes madrileños que viven una odisea diaria para llegar de su pueblo o de fuera de Madrid capital a la universidad. Tratamos con ellos la posibilidad futura de una mudanza a la capital, la escasez de ayudas o la mala comunicación con su lugar de origen.

Por Guillermo Córdoba  |  28 Febrero 2019

El despertador comienza a sonar antes de que el sol dé la bienvenida a un nuevo día. Son las 6:00 de la mañana y Nerea ya ha abierto sus ojos. En tres horas tiene clase de Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid, pero si pierde el autobús de las 7:00 llegará tarde. Desde su pueblo, San Martín de Valdeiglesias, casi en la frontera con Castilla y León, tarda casi una hora y media en llegar al intercambiador de Príncipe Pío. Sin coche y sin otro medio de transporte que no sea el autobús, está obligada a realizar este trayecto cada día porque no tiene otra forma de llegar a Madrid.

"Condiciona mucho tu vida a nivel académico o de trabajo", cuenta. Aun así, aclara que donde peor lo pasa es con el ocio. "Olvídate de irte de fiesta o de salir a tomar algo por la noche", explica. De domingo a jueves, el último autobús con destino San Martín parte de Príncipe Pío a las 22:30 horas, algo que resulta sorprendente teniendo en cuenta los nocturnos horarios de los españoles. El viernes y el sábado este horario se amplía hasta las 00:00, pero parece insuficiente sabiendo que, dejando aparcado el coche, no existe otra forma de llegar a este pueblo que no sea en un autobús. Y que, si lo pierdes, tienes que buscarte la vida y explorar en tu agenda el número adecuado para pasar la noche.

A pesar de tantas complicaciones, Nerea reconoce que "ya está acostumbrada". Lo hace admitiendo que, a pesar de la distancia, el viaje es lo de menos. "Yo siempre digo que a mí no me molesta tener un viaje largo, que se puede vivir con ello". En esto coincide con Diego, otro estudiante de Periodismo que vive cada día una odisea para llegar a la universidad. Pasadas las famosas y ricas palmeras de Morata de Tajuña y el quizá más célebre Chinchón nos encontramos con su pueblo, Colmenar de Oreja. Desde allí, y en el a veces menospreciado turno de tarde, este joven pone rumbo hacia el intercambiador de Conde de Casal. Ahí coge apretado el metro para llegar a la Complutense.

Si vives lejos de Madrid, perder un solo autobús puede fastidiarte el día.
Si vives lejos de Madrid, perder un solo autobús puede fastidiarte el día. Shutterstock

"Nunca he considerado el transporte como una desventaja con respecto al resto de los estudiantes", explica. Diego, en esa hora de viaje en autobús (dos contando el trayecto de ida y vuelta), trata de apañárselas: en vez de dar por perdido el tiempo, ameniza sus viajes con música, la compañía de un podcast o una agradable lectura. Este estudiante tiene que salir de casa con algo más de dos horas de antelación para llegar puntual a clase. Por ejemplo, cuando entra a las 16:00 tiene que coger el autobús que pasa por su pueblo a las 13:45, llegar a Conde de Casal una hora después y a la lejana universidad con más de media hora de asueto. "Al final terminas acostumbrándote a la rutina", apunta.

La posibilidad de hacer las maletas en un futuro

La idea de mudarse a Madrid está presente en la cabeza de Nerea desde que comenzó la carrera hace ya casi cuatro años. Sin embargo, no ha podido cumplir con su objetivo. "Económicamente es imposible, mi familia no puede permitírselo", explica. Otra opción podría ser la del coche, pero el problema sigue siendo el mismo. Aun así, espera poder mudarse a un piso "cuando termine la carrera", pero reconoce que "hasta que no tenga un trabajo con otro sueldo no es viable".

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Preguntado por una posible mudanza a Madrid, Diego comparte opinión con Nerea pero añade un factor diferencial a veces olvidado. "Pese al trayecto diario, perdería la calidad de vida que tengo aquí y para mí esto es fundamental", reconoce. Y prosigue. "El entorno rural es maravilloso. Aquí no hay ruidos, conflictos ni contaminación". Y es que, a pesar de la distancia, Diego prefiere su pueblo antes que la ciudad, prefiere quedarse donde tiene su vida, sus raíces. "Mi vida aquí no la cambio por nada", concluye con sinceridad.

Otro tema fundamental para los estudiantes que viven lejos de la capital son las ayudas. Nerea y Diego no reciben ninguna, y solo se benefician de la iniciativa del abono joven. "A nivel estatal existen unas becas de desplazamiento, pero no puedo solicitarla porque no se hace por distancia, sino por Comunidades Autónomas", ilustra Nerea. Como bien explica, ella podría solicitar esa ayuda si su pueblo estuviera en otra comunidad, pero al estar en la Comunidad de Madrid no puede hacerlo. En el caso de Diego pasa lo mismo, pero él, de forma incomprensible, tampoco ha recibido la beca del Ministerio.

"Mi pueblo no está bien comunicado con Madrid"

Como hemos comprobado, ambos estudiantes tienen muchas cosas en común: los dos viven en Madrid, lejos de la universidad (y del centro), sin recibir ayudas económicas en sus dilatados viajes y, al menos por el momento, no tienen pensado hacer las maletas para marcharse de su casa. Y esto no es todo. Los dos, desde su propia perspectiva, también coinciden en que su pueblo no está bien comunicado con la capital.

"Siempre llegas muy pronto o muy tarde a todas partes", refleja Nerea. Su solución pasa por un tren que, como tantas otras cosas, fue prometido pero ya ha sido olvidado. "En mi pueblo hay una zona que se llama 'La Estación'. En un principio estaba pensada para ser una estación de tren, pero ahora es un parque", apunta con resignación. Nerea cree que si se hubiera hecho, actualmente su pueblo tendría Renfe y eso "solucionaría muchísimas cosas". Pero, sabiendo de su complejidad, apuesta por otra solución: meter otra línea de autobuses que, obviamente, no sea de CEVESA. "Habría una competencia y así CEVESA no haría lo que le da la gana con los pasajeros", concluye.

Los líneas de autobuses que conectan Madrid con los pueblos o ciudades de fuera de la capital dejan mucho que desear en muchas ocasiones.
Los líneas de autobuses que conectan Madrid con los pueblos o ciudades de fuera de la capital dejan mucho que desear en muchas ocasiones. Shutterstock

Después de conocer las demandas bien argumentadas de la estudiante de San Martín de Valdeiglesias, toca ver qué opina la otra pieza fundamental de este reportaje. Desde Colmenar de Oreja, Diego coincide con que uno de los problemas está en el monopolio de 'La Veloz' y apuesta por aumentar las frecuencias de los autobuses. "Uno cada hora es demasiado tiempo, por lo que cada media hora mínimo sería lo ideal". Por ejemplo, de lunes a jueves el último autobús parte de Conde de Casal destino Colmenar de Oreja a las 23:00 horas. "Cuando quedo con mis amigos para ir a ver el fútbol estoy sujeto a ese horario y tenemos que irnos antes para que lo pueda coger", justifica.

A pesar de ello, el colmenarete es comprensivo y se pone en la piel del conductor. Admite que "no debe ser agradable trabajar a esas horas", pero sí pide un último autobús a las 00:00 horas, por ejemplo. "Si miras a otros transportes como metro o taxi, a esas horas todavía puedes desplazarte. Siempre queda la duda de si tendría afluencia de público suficiente o no, pero si no hay servicio, no lo sabes", reconoce. Además, Diego reclama una mayor atención al exiguo transporte público. "Entiendo que quien se lo pueda permitir prefiera viajar en transporte privado. Mucho se habla de que debemos hacer uso del público, pero pocas son las facilidades que se conceden", remata.

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Como hemos visto, ambos se encuentran con el mismo problema en días laborables. El último autobús sale de Madrid en un horario atípico y, si me lo permiten, incomprensible. Para San Martín de Valdeiglesias, a las 22:30. Para Colmenar de Oreja, a las 23:00. Ya acostumbrados a la rutina, saben que son muchos los aspectos a mejorar para hacer la experiencia un poco más corta. Sus historias reflejan que, a pesar de tantas dificultades, saben vivir lejos de la ciudad, tranquilos, en su pueblo. Porque, a pesar de la distancia, la felicidad puede encontrarse en cualquier parte. Pero no viene mal alguna ayuda que otra tampoco para ponérselo más fácil. A ellos, y a miles de personas con un problema similar.

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