¿Se puede definir lo que es un derbi? ¿Se puede definir lo que es un derbi?

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Las distintas formas de vivir un derbi: ¿tolerancia y buen ambiente o enfrentamiento radical?

El derbi vasco deja en entredicho las características que han definido históricamente un derbi. ¿Debe existir un enfrentamiento radical para afirmar que se trata de un derbi, o el respeto mostrado entre aficionados de Athletic y Real es digno de admirar?

Por Jon Irisarri  |  03 Noviembre 2021

Los derbis en el fútbol son uno de los fenómenos que más seguimiento han recibido por parte de los fans. Bien por su pasión, por la espectacular rivalidad de sus aficiones, o por su sentimiento tan puro. El deporte gana con creces cuando dos aficiones cercanas en proximidad y alejadas en todo lo demás se enfrentan y convierten un partido de fútbol en algo más que eso, en un gran fenómeno social para la región o la ciudad.

Un vídeo publicado por 'El día después' a raíz de la particular idiosincrasia del derbi vasco ha generado debate acerca de lo que debería ser o no un derbi. Y es que un aficionado del Athletic se infiltraba entre la afición de la Real Sociedad sin ningún temor a expresar todo lo que un derbi de su querido equipo implica. Las quejas, los gritos, los cánticos y hasta la celebración de un gol de Iker Muniain en el minuto 91 eran idénticas a las que se vivirían en plena grada de San Mamés. La diferencia era que estaba rodeado de aficionados realistas en una de las butacas de Anoeta, y el contraste de pasiones generadas era evidente.



Ahora bien, que esa situación se lleve con normalidad, sin ningún tipo de reproche ni insulto por parte de los ultras realistas, es lo que ha abierto camino para la polémica. El aficionado del Athletic salió ileso, sin grito, amenaza o acto violento alguno por parte de la afición rival, y eso ha causado incomprensión entre los aficionados del resto del país. Principalmente sevillanos (que no sevillistas) y madrileños han puesto en duda que esas imágenes sean propias de un derbi, y es que, según ellos, ese aficionado no debería salir ileso de una situación como esa. Los aficionados del Athletic y la Real Sociedad, por su parte, han defendido la elegancia de su derbi y han valorado positivamente esta circunstancia que lo distingue del resto de enfrentamientos entre equipos de la misma región.

Definir la pasión de un derbi es racional, y por tanto, contradictorio e inalcanzable

Definir qué es un derbi parecía tarea sencilla, siendo el enfrentamiento de dos equipos de la misma ciudad o región con una rivalidad especial. Sin embargo, las características de esa rivalidad o la forma de canalizar las pasiones o sentimientos parecen poner sobre la mesa una reflexión: ¿es realmente un derbi el partido entre Athletic y Real Sociedad?, y sobre todo, ¿en qué grado de enfrentamiento radical se establece la premisa de un derbi? Si la vara de medir se encuentra en la violencia, quizás los aficionados de un país balcánico o latinoamericano pongan en duda la verdadera rivalidad de los sevillanos o madrileños por ser demasiado 'tranquila'. Puede que para ellos un Atlético-Real Madrid o un Sevilla-Betis tampoco sea un derbi bajo sus estándares.

Es complicado establecer una línea que separe un derbi de lo que no lo es. Si bien es cierto que no se puede negar la magia de lo sucedido entre las aficiones vascas, la rivalidad profunda de alguien que durante el partido no soportaría los festejos de un aficionado contrario es totalmente legítima y comprensible. Que un aficionado del Celta de Vigo no sea respetado en la grada rival del Deportivo de la Coruña, o que los celtistas se rían de la casi desaparición del club coruñés, es algo que engrandece la pasión que genera este deporte. Es cierto que el aficionado ajeno al fútbol, o quienes prefieren contemplarlo sentados en el sofá, no entiendan esta particularidad entre vecinos. Pero los verdaderos aficionados de este deporte saben de la importancia de los sentimientos generados, y es eso lo que les hace seguir a su equipo juegue como juegue, independientemente del éxito deportivo. Y es que el fútbol, al fin y al cabo, es ese espacio reservado para lo irracional en el que cada cual administra sus pasiones como buenamente pueda.

Esa variedad de sentimientos, esas distintas formas de vivir el partido más especial de la temporada, hacen que el espectador se enganche a este deporte. Estamos ante un fenómeno social que no se puede encasillar, y eso es lo que hace de los derbis algo tan bonito y particular. Desde el aficionado acérrimo que no soportaría ver aficionados infiltrados entre su grada hasta la cuadrilla separada por el amor hacia dos clubes pueden representar los derbis de una forma igual de digna.

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