No, darle la razón en todo no es de ser buen amigo No, darle la razón en todo no es de ser buen amigo

No, darle la razón en todo a tu amigo no es amistad

Muchas relaciones de amistad están basadas en dar siempre la razón, buscando la complicidad respecto de sentimientos negativos o egocéntricos. Pero eso no es una amistad, ni mucho menos sana.

Por Álex García  |  13 Septiembre 2021

Yo odio, tú odias, él odia, y al final acabamos odiando todos. Las formas de relaciones entre seres humanos están en constante cambio, pero algo que parece que no varía con los años es esa tendencia crear complicidad en los sentimientos comunes de odio. Basta con remitirse a aquella frase que dice que "el enemigo de mi enemigo es mi amigo" para comprobar que esto es cierto. Ya no se trata tanto de compartir aficiones, principios o ideologías, sino de odiar la misma cosa o persona solo porque lo hace tu amigo.

Es más, varios emprendedores vieron tanto potencial en este principio, que crearon aplicaciones y redes sociales en las que las personas se unían en función de lo que odiaban y no de lo que les gustaba. Un ejemplo es Hater, una aplicación para ligar que antes de empezar con los matches, presenta una cantidad ingente de temas, personajes públicos, géneros de música... con los que manifestar tu odio y encontrar así personas afines.

Hacer propio el odio de tu amigo no es amistad

Encontrar afinidad en la aversión y el odio se ha vuelto algo muy fácil, y hecho por las risas y de forma relativamente sana, puede ser hasta divertido. El problema viene cuando esta conducta se convierte en una tendencia dentro de la amistad. Odiar algo o a alguien solo porque tu amigo también lo hace es considerado por muchos como una muestra de empatía y de apoyo, pero nada más lejos de la realidad.

Todos conocemos o hemos conocido a ese amigo que aparentemente está siempre al pie del cañón, dispuesto a apoyarnos en cualquier situación. Dicho así suena muy bien, pero ese amigo va tan a muerte con nosotros que, aún teniendo nosotros una idea macabra en la cabeza, nos va a apoyar. Este amigo es absolutamente condescendiente y peligrosamente impulsivo. Es capaz de hacer suyo nuestro sentimiento de odio, y lejos de intentar calmarnos o de sugerirnos que podríamos estarnos equivocando, echa más leña al fuego.

En teoría (su teoría), está siendo un buen amigo. Después de todo, está empatizando con nosotros y con nuestro sentimiento, sea el que sea. Por ejemplo, tenemos una discusión con alguno de nuestros padres o con nuestra pareja. Probablemente, ambas partes tengan motivos para estar molestos, pero nuestro amigo no se va a molestar siquiera en plantearse que podamos no tener la razón. Si se trata de odiar a nuestros padres o a nuestra pareja durante un par de horas, él los va a odiar también, y durante más tiempo si hace falta.

Si tuviéramos siempre la razón, no seríamos humanos

El punto está, para simplificar, en que ese amigo nos está haciendo un flaco favor con ese tipo de 'apoyo'. Normalmente, cuando acudimos a alguien presos de la ira, lo suyo sería que esa persona nos ayudara a bajar las revoluciones. Incluso, aunque tuviéramos la razón de forma manifiesta, ¿de qué nos sirve estar en lo cierto si no podemos tener paz? No se trata de que nos lleven la contraria, sino de que nos ayudan a relativizar y a considerar distintos puntos de vista.

Pero esto no se trata solo de hate. Ese tipo de amigo te dirá que cualquier decisión que has tomado es la mejor, aunque él piense lo contrario. En vez de aclarar que no le parece bien, pero que está ahí para lo que sea, directamente te dice "" y "muy bien" a todo. La condescendencia total por parte de nuestros amigos solo nos va a ayudar a crear relaciones basadas en el culto al ego. La mecánica de este tipo de relaciones de amistad es la siguiente: acudimos a nuestros amigos y ellos acuden a nosotros con el fin de buscar aprobación, de reafirmar nuestras ideas y de enmascarar nuestra falta de seguridad y de criterio propio. Tenemos tan poca confianza en nuestra capacidad de análisis y de reflexión, que antes de aceptar que nos estamos equivocando, buscamos a alguien que se equivoque con nosotros, y así parece que no lo estamos. Ya lo aprendimos en el colegio, menos por menos es más.

Una de las máximas universales de la vida, por así decirlo, es que toda historia tiene tantas versiones como personas emocionalmente implicadas en ella. Para ese tipo de amigos, y para nosotros, que creemos beneficiarnos de esa relación, esto parece no tener sentido. Tanto si somos nosotros los que estamos descargando nuestra ira y desahogándonos con un amigo, como si somos los que escuchamos, debemos tenerlo muy en cuenta. De lo contrario, de nuevo, solo estaremos alimentando nuestro ego.

Antes de juzgar a los demás, miremos para adentro

Este tipo de relaciones se convierten en un círculo vicioso y adictivo, y ese tipo de amigos no aparecen por casualidad o de forma aleatoria. Si tenemos un amigo de esos, antes de juzgarlo a él, debemos juzgarnos a nosotros mismos. Igual somos personas egocéntricas a las que no se le puede llevar la contraria y no nos hemos dado cuenta. Tal vez, por evitar malestares, nosotros también somos condescendientes con nuestros amigos. Por eso precisamente esto es un circulo vicioso que no se va a cerrar hasta que demos un cambio de actitud.

Por ahí dicen que el mundo no cambia hasta que no empezamos a cambiar nosotros mismos. La clave está en trabajar la humildad para aceptar que podemos no estar en lo cierto, pero también el criterio propio, para poder sacar nuestras conclusiones sin tener que ir buscando aprobación en todos nuestros amigos. Hay que saber diferenciar entre pedir un consejo y pedir aprobación y condescendencia.

De igual modo, es importante aprender a ser fuente de calma y no de frustración. ¿No es mejor buscar la empatía y la complicidad con pensamientos positivos en lugar de pensamientos de rabia y odio? ¿No es mejor decirle a nuestro amigo que entendemos su malestar, pero que no es nuestra obligación hacerlo nuestro e incrementarlo? En todo caso, hagámosle un favor y ayudemos a disminuirlo. Construir relaciones de amistad sanas, maduras y sinceras es imprescindible para nuestro bienestar y crecimiento.

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