¿Por qué los chinos no vibran con el deporte?

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China: fábrica de medallistas, deportistas de éxito y aficiones reservadas

Innumerables son los éxitos del deporte chino y ninguno de ellos ha conseguido enloquecer a los aficionados locales. La tradición ha marcado un guion a seguir incluso en las celebraciones mientras se ansía la existencia de un motivo que haga vibrar a una mayoría en la misma dirección.

Por Dani Plaza  |  24 Octubre 2018

China, su altísima densidad de población y sus peculiaridades culturales (al menos para los occidentales) se ha convertido en las últimas décadas en una exportadora de nivel global a todos los efectos. El gigante asiático ha pasado a ser una fábrica del mundo asentada sobre los cimientos de su tradición del esfuerzo, la eficiencia y la rapidez. Pero no solo en lo que a la industria compete. Los deportistas chinos son un motivo de satisfacción para su país y así lo demuestran en todos los Juegos Olímpicos, en los que copan asiduamente los podios de numerosas especialidades. Sin embargo, la población carece de un referente que les impulse a botar, gritar y celebrar todos a una los éxitos en un deporte nacional propio. Por falta de talento no es.

El mundo oriental nunca se ha caracterizado por el lujo y la excentricidad, más bien todo lo contrario, y en China elevado a la máxima potencia. La discreción, el trabajo en la sombra y el sacrificio está inculcado en su cultura y el deporte no es ninguna excepción. El trabajar para vivir en lugar de vivir para trabajar, dicho coloquialmente.

Ante la ausencia de un deporte de masas, los JJOO se viven intensamente en China.
Ante la ausencia de un deporte de masas, los JJOO se viven intensamente en China. Shutterstock

Un número uno chino en su categoría suele ser considerado en su país como un enorme ejemplo a seguir, un ser digno de ser respetado y un trabajador incansable en su materia, pero difícilmente es un ídolo de masas. No existe la figura del deportista chino que arrase en ventas de camisetas, que se haya ganado los corazones del público en general y que ejerza de imagen de su país lejos de sus fronteras.

Sin embargo, puede que la modestia en el ADN no permita tampoco valorar como merecen a las estrellas del deporte en el Lejano Oriente, que las hay. Y es que tradicionalmente China ha sido potencia mundial en deportes como las artes marciales, los saltos de trampolín o el tenis de mesa, haciendo sonar en multitud de ocasiones su himno nacional en campeonatos muy dispares. El gigante asiático quiere tener un motivo de orgullo común dentro del deporte y para ello se han puesto en marcha nuevas formas de entrenamiento entre los más pequeños, que tratan de imitar a las estrellas de la otra mitad del planeta y que sí son capaces de agitar a sus seguidores.

Disciplina por encima de espectáculo

Trabajo y constancia. Todo deportista de élite debe llevar siempre consigo estas premisas, algo que en China apenas tiene distinción con el resto de empleos. Los chinos han conseguido ganarse a pulso la etiqueta de trabajadores poniendo su vida al servicio del empleo y formando una mano de obra conocida por su gran exigencia. De ahí el sobrenombre de 'la fábrica del mundo' con el que se conoce a la nación.

China está deseando enamorarse enfervorecidamente de un deporte, pero la tradición y la falta de nivel competitivo se lo impiden.
China está deseando enamorarse enfervorecidamente de un deporte, pero la tradición y la falta de nivel competitivo se lo impiden. Shutterstock

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En esta forma de concebir la existencia, el tiempo de ocio de los nativos suele alejarse del despiporre, el alcohol y el retorno a casa a las tantas de la madrugada. A pesar de las excepciones que existen en todos los lugares, la educación china ha formado ciudadanos comedidos con dosis de timidez, fuerte respeto y conservadurismo que va de la mano con la esencia de una sociedad budista. Es por ello que la exaltación de las emociones no entra en el 'planning' diario.

Ni siquiera el deporte ha sido capaz de romper esta barrera. Todavía no existen imágenes en el archivo en el que grupos mayoritarios reflejen su euforia tras obtener un título. Puede que sea el único rincón del planeta sin un deporte de hermanamiento entre compatriotas como pueda ser el rugby en Sudáfrica, el fútbol en toda Europa y Latinoamérica, el críquet en India o la superbowl en Estados Unidos. Desde el ejemplo cercano, llama la atención cuando un turista asiático acude a un estadio en el Viejo Continente y el contraste que genera con la afición local. Mientras unos corean, animan y se desviven con cada ocasión de peligro, el chino está más pendiente de que ningún detalle escape de su cámara de fotos.

Huérfanos de un representante común

El deporte chino no ha sido una excepción en la creación de auténticos especialistas y campeones en diferentes especialidades. No obstante, parece que los méritos de una estrella concreta o de un combinado no han unificado un sentimiento de orgullo que lleve a perder las formas a una mayoría. Mientras Rafa Nadal, Valentino Rossi o los integrantes de la NBA son profetas en su propia tierra y símbolos de orgullo, nadie en China ha conseguido recoger el testigo de Yao Ming y se ha alzado como fiel representante de los suyos en el ámbito del deporte.

Yao Ming es el gran héroe nacional de los últimos años.
Yao Ming es el gran héroe nacional de los últimos años. Shutterstock

También es de recibo poner en contexto la complejidad que debe suponer agitar en una misma dirección a un alto porcentaje de los más de mil millones de chinos que hay censados. Los éxitos de los compatriotas producen una alegría contenida que cuesta comprender en los países de 'sangre caliente'. Lo que pueda apreciarse como frialdad no es más que una muestra de admiración no invasiva con los que te rodean. Pese al ambiente triunfalista, no entra en los planes abrazarse, saltar y gritar con tus semejantes en las celebraciones. Un antagónico total de España, donde tocar, gesticular y hablar alto se lleva por bandera hasta en la cotidianidad.

Las estrellas del deporte chino también están acostumbradas a ello. Las expediciones que vuelven con el oro colgado son recibidas con homenajes institucionales y muestras de honor protocolarias. Siempre hay un guion que seguir marcado por las raíces culturales, pero podría parecer injusto este trato si se compara con el que reciben grandes figuras internacionales al pisar suelo chino. En esos casos, las multitudes han llegado a aglutinarse desde las llegadas al aeropuerto, extendiéndose durante toda la estancia en el país en programas de televisión, actos publicitarios o visitas para disputar algún juego. Quizás valorar más lo de fuera que lo local sea una práctica globalizada.

En busca de un deporte nacional

Si bien China ha sido tradicionalmente una productora constante de gimnastas, luchadores o atletas del más alto nivel, el público no ha acabado de decantarse por una categoría que despierte su vertiente pasional. Aparte de los Juegos Olímpicos (cada cuatro años), en China no existe la costumbre de reunirse cada fin de semana para presenciar un evento.

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No obstante, destaca el gusto por el fútbol extranjero sin tener un baluarte nacional al que aferrarse. Y es que, pese al interés que provoca esta disciplina, cabe recordar que la selección china de fútbol nunca ha cosechado grandes logros ni a nivel mundial (solo tres partidos disputados en Copa del Mundo con un bagaje de tres derrotas) ni continental (ningún título). Resulta extraño que no haya aparecido todavía una generación de gran nivel en la región más poblada de la Tierra pese a esta predilección, aunque ya se han puesto las pilas de cara al futuro.

China se ha decantado por impulsar el fútbol, con potentes fichajes que creen seguimiento.
China se ha decantado por impulsar el fútbol, con potentes fichajes que creen seguimiento. Instagram/@pocho22lavezzi

Sus ídolos están a miles de kilómetros de sus fronteras y por esta razón están pretendiendo potenciar su liga con una occidentalización que termine desembocando en el surgimiento de futbolistas de nivel de origen chino. El potencial económico del país ha permitido atraer a las franquicias más conocidas del deporte rey a las famosas giras de pretemporada, que a pesar de no tener nada de valor en juego han levantado más pasiones que cualquier encuentro de la competición china. Un fuerte desembolso por simples amistosos que tienen más de reclamo publicitario que de disputa, mientras se van estrechando fuertes vínculos de negocios entre las directivas. En los últimos años se ha acentuado el aumento de los 'sponsors' asiáticos en el fútbol europeo y el intercambio de jugadores que han hecho la ruta Europa-Asia. Alexandre Pato, Paulinho o Ezequiel Lavezzi han sido algunos de los últimos futbolistas de renombre en emprender esta aventura, que progresivamente está subiendo el nivel de la Superliga China.

La importancia de la formación también es esencial. Los banquillos de los clubes tampoco se han librado de la llegada de entrenadores de otros continentes e incluso el gobierno ha querido potenciar las cualidades de los suyos con el balón en los pies desde edades tempranas. Ya en el último lustro se ha implantado el fútbol como asignatura obligatoria en las escuelas de primaria, por lo que está por ver aún el resultado que pueda tener en la élite. China quiere dejar de mirar con admiración al resto del mundo y empezar a fabricar sus propias estrellas del panorama futbolero. Si la exigencia en lo futbolístico se asemeja a la del resto de su producción, serán un combinado muy a tener en cuenta en las próximas décadas.

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