La odisea de ir al trabajo en bicicleta: problemas y trucos

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Cuando ir al trabajo en bicicleta se convierte en una odisea: problemas y trucos para tener un buen viaje

Si cogemos la bicicleta todos los días sabemos de sobra todas las cosas que nos pueden ir mal en el trayecto: tráfico, frío, pinchazos... ¿cómo podemos llevarlo mejor?

Por Celia Varona  |  19 Marzo 2019

Cada día es más común ver bicicletas yendo y viniendo por las ciudades: a casa, al trabajo, al instituto o a hacer recados. Las campañas de concienciación sobre los altos niveles de contaminación de las grandes ciudades, los modelos saludables de vida y las iniciativas de creación de carriles pueden ser algunas de las causas de este aumento de la presencia de las bicicletas. Lejos queda la idea de usarlas solo en el pueblo para ir al pueblo de al lado, para ver a los amigos... en definitiva, como el medio de transporte de nuestra juventud y la de nuestros padres y abuelos. Ahora la bicicleta ha evolucionado hasta convertirse en una alternativa real, también en las grandes ciudades.

Otro factor a tener en cuenta ha sido la revolución de las bicicletas plegables. Si bien es cierto que las primeras portátiles datan de finales del siglo XIX y se utilizaron en la Segunda Guerra Mundial, su comercialización en España comenzó a extenderse desde 2007. A pesar de que podrían ser más livianas, están perfectamente adaptadas para desplazamientos en ciudad.

Cada vez más gente decide ir al trabajo en bicicleta.
Cada vez más gente decide ir al trabajo en bicicleta. Shutterstock

Problemas de ir en bici al trabajo

Como todos los hábitos, usar la bicicleta como medio de transporte en una ciudad, y más en Madrid, tiene sus pros y sus contras. Por supuesto, es una alternativa para valientes (¿quién andaría 20 minutos a las 7 de la mañana todos los días para ir a su lugar de trabajo?) y para quien tiene la opción, ya sea por comunicación de los lugares, el tipo de bicicleta, o simplemente, si quiere jugarse la vida todos los días.

Porque esa es otra: los ciclistas en ciudad somos los grandes repudiados. Si vamos con una bici por la carretera a las 7:30 de la mañana, nos pitarán, nos presionarán, nos gritarán que si ralentizamos la marcha, que si llegan tarde al trabajo... y si vamos por la acera, más de lo mismo: que si las bicicletas no van por ahí, que vayamos por la carretera, que qué susto... Y es verdad que podemos ir más seguros, pero nos arriesgamos a una multa.

Entonces, ciclistas de diario, de esos que no hacen spinning los sábados sino que sacan la bicicleta de lunes a viernes para llegar a la oficina: ¿cuáles son los principales problemas que tenemos?

Instagram, la censura y el temor a los desnudos
La exagerada censura de Instagram con los desnudos artísticos y todo lo relacionado con el sexo nos obliga a reflexionar sobre su política de actuación.
  • El frío. Si vivimos en el sur tiene un pase, puede hacer frío un par de días... pero no se va a llegar a los -6º que te encuentras una mañana cualquiera en Burgos o León. Podemos sobrevivir, pero es difícil no asegurarse un buen resfriado.
  • Lo de ir guapos si el camino es duro, igual hay que dejarlo para otro día. O apañarse bien, porque llegar al trabajo con la cara sudada, como que no.
  • Como hemos dicho anteriormente, en hora punta todos queremos llegar al trabajo lo antes posible. Con la mala leche del madrugón es difícil que no se den situaciones algo tensas en el tráfico.
  • Hay más gente que conozco a la que han robado la bici en algún momento de su vida, que a la que no.
  • Y, por si fuera poco, también existen los problemas que nos da la bici como tal: una rueda pinchada o la cadena salida son cosas de lo menos grave... y aun así nos ralentizan.
Tenemos que tener cuidado. En hora punta, los peligros de ir con la bici aumentan.
Tenemos que tener cuidado. En hora punta, los peligros de ir con la bici aumentan. Shutterstock

Consejos y trucos

Pero no todo van a ser tan trabas y dificultades. Siempre hay pequeños truquillos con los que podemos hacer que nuestra rutina diaria de bicicleta sea mucho más fácil, cómoda y con menos sustos.

  • Suena muy a consejo de niños pequeños, pero previsión. Dejar todo bien preparado la noche de antes nos puede ahorrar algunos sustos de despertador, evitar que se nos olvide cualquier cosa (guantes, casco, cintas reflectantes) e incluso nos permite disfrutar un poco más de la cama.
  • Seamos sinceros: como mejor se anda en bicicleta es en chándal. Por eso, a lo mejor es más rentable llevar una mochilita con unos vaqueros e ir en mallas, o una térmica debajo del resto de ropa que se lleve todo el olorcillo después del camino. Al llegar al trabajo, un par de cambios rápidos en el baño y listo. Y lo mismo para la cara y el pelo. Los botecillos pequeños de desodorante y de gomina o fijador de pelo, así como un peine portátil, pueden salvarnos la vida.
  • Por muy bonita que quede una foto tuya en traje con bici, lo más cómodo es ir en chándal y cambiarse después.
    Por muy bonita que quede una foto tuya en traje con bici, lo más cómodo es ir en chándal y cambiarse después. Shutterstock
  • Economizar el tiempo de recorrido. Es importante tener claro el camino, pero no hay que olvidar que aclimatarnos a los tiempos cuando hay más vehículos de por medio también es complicado y requiere bastante concentración. Por eso, no está de más tener un par de atajos o rutas alternativas de todo tipo (aceras, carreteras...) que puedan salvarnos si hay cualquier tipo de complicación por nuestra vía habitual.
  • No podemos tener la bici como exclusiva opción. Está bien saber qué otro tipo de transporte podemos utilizar.
  • Tener un kit rápido de reparaciones en la bici es más que necesario. Existen pequeñas riñoneras que se agarran al asiento, donde puedes llevar parches e incluso una pequeña bomba de hinchar. También es útil si conocemos alguna tienda de bicicletas que nos pille de camino.

No son muchos, pero definitivamente estos consejos pueden ayudarnos si la bici se ha convertido en nuestra rutina. Teniendo un poco de previsión y cuidado, podremos disfrutar del paseo mañanero para espabilarnos sin preocuparnos de la ropa que llevamos o del tiempo que vamos a tardar.

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