A favor de la pizza con piña, el alimento más injustamente defenestrado

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La pizza con piña está buena, y ya es hora de que empecemos a reconocerlo

Cuando Sotirios Panapoulos inventó, un poco por casualidad, la pizza con piña, no imaginaba que casi 60 años después tendremos que seguir escribiendo artículos como este para defenderla de las críticas infundadas que todavía sufre.

Por Jorge Moreno  |  01 Abril 2020

La RAE define 'eureka' como la interjección que gritamos cuando descubrimos algo que hemos buscado con afán. El origen de su popularización se le atribuye a Arquímedes, que después de descubrir lo que a posteriori se ha denominado Principio de Arquímedes en su honor, se puso tan contento que interrumpió el baño en el que se encontraba y salió corriendo desnudo por Alejandría gritando "¡Eureka!".

La historia de Soterios Panopoulos, otro inventor griego, en este caso de la pizza con piña, es bien diferente. No solo porque no corrió desnudo por la calle, sino porque tampoco había buscado con demasiada vehemencia un receta especial para la pizza. De hecho, al principio ni siquiera servía este alimento en su restaurante, el Satellite Restaurant de Chatham-Kent (Canadá), a donde emigró su familia cuando era joven . Sin embargo, y tal como contó él en varias entrevistas, estaba experimentando con la comida junto con su hermano y, sin pensarlo mucho, se le ocurrió echar piña a la pizza. Nació así, en un buen día de febrero de 1962, en Canadá, una de las comidas más injustamente defenestradas de la historia, y el bueno de Sotirios se convirtió en el griego más incomprendido por sus coetáneos desde el filósofo Sócrates.

Si Arquímedes viviera ahora, seguiría gritando '¡eureka!', pero con una pizza con piña en la mano.
Si Arquímedes viviera ahora, seguiría gritando "¡eureka!", pero con una pizza con piña en la mano. Shutterstock

Y sí, digo injustamente, porque no hay odio más postizo y artificial que el que sufre la pizza con piña. Resulta realmente curioso cómo hay personas que, cuando te ven comerla, se vuelven unos expertos alquimistas y puretas de la mezcla de sabores: "es que la piña es dulce y el tomate y el queso salados" (gracias por la apreciación, de verdad, no me había fijado), "es que eso no pega", etc. Eso sí, lo dicen sin soltar su cerveza con limón, o como debería llamársele: atentado contra el sabor de una bebida centenaria. Somos muy tradicionales, pero para lo que queremos.

Otro de los aspectos que más rabia da de estos insultos es que no tienen ningún sentido, y más si haces una comparación entre la pizza con piña y otras cosas que comemos. No nos gusta mezclar dulce y salado pero le echamos cebolla caramelizada a ciertas carnes. No nos gusta echar "cosas raras" en la pizza pero ya las hay hasta de chocolate. Antes de continuar con ese acoso y derribo contra la pizza hawaiana analizad otras cosas que os lleváis a la boca y preguntaos por qué eso sí y lo otro no.

Y, claro, tampoco podemos olvidar lo socialmente aceptado que está decir que la pizza con piña está mala. No es que haya un debate gastronómico alrededor como sucede, por ejemplo, con el hecho de que la tortilla esté más o menos cuajada o tenga o no cebolla, no. Es que aquí no hay posibilidad de debate: si te gusta eres raro y tienes que sufrir coñas o críticas. Seamos serios, ¿cuántos de estos críticos gastrónomos, guardianes de las esencias de los alimentos, la habrán probado de verdad? O peor: ¿cuántos la habrán probado, les habrá gustado, pero no son capaces de bajarse de su barco de ignorancia y crítica infundamentada por miedo al "qué dirán"? Aprovecho este espacio para pedir a todos los amantes ocultos de la pizza hawaiana que salgan del armario sin miedo, que no se avergüencen de tener un paladar lo suficientemente refinado para ser capaces de disfrutar a la del sabor de la fruta y el sabor de la pizza.

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De verdad, ¿no os entran ganas de darle una oportunidad? Shutterstock

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Entre ese grupo de personas que valoran este producto gastronómico se encuentra el primer ministro de Canadá, Justin Trudeau, que en febrero de 2017 tuvo que declararse amante de su producto nacional después de que el presidente de Islandia, Gudni Johannesson dijese durante la visita a un colegio que si pudiese prohibiría la pizza con piña. Pero sin duda, la mejor respuesta fue la del propio Soterios Panapoulos, que en una entrevista en CBC dijo sobre el presidente islandés: "estoy seguro de que él es mucho más que yo y cuando yo era joven estaba haciendo pizza". ¿Has escuchado, Johannesson? Sabrás mucho de la historia de Islandia, pero la pizza déjasela a los maestros.

Hablando de maestros, a Soterios Panopoulos se le conocía popularmente como Sam Panapoulos. Pues bien, yo aprovecharía para convertir esa M en N, santificarle y convertir cualquier día de febrero en el día de la pizza con piña. Los que amamos este manjar, que supone el 3% de las ventas de Telepizza en España, el 16% en Polonia y el 21% en Colombia, según datos de El Comidista, lo agradeceremos.

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