España, un país de mitos y leyendas (II): el Coco

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Un país de mitos y leyendas (II): el origen del Coco

Repasamos los mitos y leyendas que más han perdurado a lo largo de los siglos en España. Hoy es el turno del Coco. ¿Qué es y cuál es su historia?

Por Juan Ángel Asensio  |  26 Marzo 2020

En esta sección intentamos demostrar que los mitos y leyendas del pasado no han muerto, sino que, simplemente, se han adaptado a los nuevos tiempos. Para ello nos valemos de todas esas historias que aún perduran en el saber popular de nuestra cultura. En la anterior entrega os hablamos acerca de la Santa Compaña, pero hoy le llega el turno al Coco, y es que, ¿quién no ha temido al Coco en sus pesadillas infantiles? Pero, ¿sabemos siquiera cuál es su origen?

La historia detrás de la leyenda del Coco

Aunque el Coco es el nombre que le damos en la Península Ibérica, esta tenebrosa criatura recibe otros nombres en diversos países hispanohablantes. Así, en Argentina, Puerto Rico, República Dominicana, Bolivia, Chile, Ecuador, Panamá y Perú se le conoce como el Cuco, y en Brasil, donde también pervive este mito, la Cuca.

Da igual el Coco o la Cuca, nos daba miedo igualmente.
Da igual el Coco o la Cuca, nos daba miedo igualmente. Shutterstock

La mayoría de vosotros habréis escuchado esa canción de cuna que dice: ''duérmete, niño / duérmete ya / que viene el Coco / y te comerá''. Pero ¿qué diablos es esta criatura que devora niños que no pueden dormir? La RAE, por ejemplo, sugiere, que se trata de un ''fantasma que lleva una calabaza vacía, a modo de cabeza''. Esto nos podría recordar a las calabazas de Halloween, pero lejos de contar con un origen estadounidense, esta costumbre de vaciar una calabaza y dibujarle ojos y boca encuentra sus raíces en la tradición celta, especialmente en Galicia y en el norte de Portugal.

No obstante, otros folcloristas apuestan por un origen distinto: la criatura, en vez de tener una calabaza por cabeza, tendría un coco, y de ahí su nombre. El etimólogo Joan Corominas, dentro de su obra capital 'Breve diccionario etimológico de la lengua castellana', cuenta que los primeros españoles en llegar a América dieron este nombre a la fruta dado su parecido con una cabeza humana, asemejando sus característicos tres agujeros a los ojos y la boca. De hecho, hoy seguimos usando la palabra coco como sinónimo de cabeza, ¿verdad?

Otra teoría, apunta a que el Coco es una deformación de la palabra cucurucho, o lo que es lo mismo, el capirote que los ajusticiados públicamente por la Inquisición tenían que portar sobre la cabeza.

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En Portugal, sin embargo, el Coco tendría la apariencia de, nada más y nada menos, un dragón. Y es que allí, durante la celebración del Corpus Christi, el coco es el dragón bíblico que lucha contra San Jorge, una representación muy extendida en la zona de Monção.

Aun así, los estudiosos del tema no consiguen ponerse de acuerdo a la hora de determinar el aspecto del Coco. Y quizás aquí esté implícito el motivo por el que ha perdurado tanto tiempo en nuestra cultura: es su ausencia de forma física lo que ha permitido que cada niño plasme en el sus peores temores, y que los padres de los niños insomnes creen alrededor de esta leyenda múltiples realidades.

Hoy en día, tenemos constancia de que la figura del Coco ya existía en nuestro país a mediados del siglo XV. Podemos leer una clara referencia en el 'Cancionero' de Antón de Montoro, de 1445. Allí el poeta escribe: '' tanto me dieron de poco / que de puro miedo temo, / como los niños de cuna / que les dicen ¡cata el coco!''. Casi un siglo después, podemos encontrar otra referencia al Coco en la literatura portuguesa, concretamente en el 'Auto da barca do Purgatorio' de Gil Vicente, escrito en el año 1518.

A partir de ahí, el Coco pasa a formar parte de nuestra cultura, y se transmite de generación en generación, incluso podemos encontrar referencias a él en algunos de los grandes clásicos de nuestra literatura. Aparece, por ejemplo, en el 'Entremés del niño y Peralvillo de Madrid' de Quevedo, en el Lazarillo de Tormes y, también, en el Quijote cervantino, en uno de los pasajes más conocidos de la obra: ''tuvo a todo el mundo en poco; / fue el espantajo y el coco / del mundo, en tal coyuntura, / que acreditó su aventura / morir cuerdo y vivir loco''.

Con el tiempo, el significado del Coco iría transformándose, al mezclarse con otras culturas y otros paradigmas del terror infantil. Así ha llegado hasta nuestros días, seguramente muy diferente a aquel que imaginaban en el siglo XV, actualizado a las nuevas concepciones del horror, pero igualmente atemorizante, y si no que le pregunten a los niños de cada casa.

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