Controlar a tu pareja por redes sociales: por qué debes dejar de hacerlo

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Controlar a tu pareja por redes sociales, una práctica cada vez más normalizada entre los jóvenes: por qué debes dejar de hacerlo

Cada vez son más los jóvenes que ven en el control de los móviles por parte de sus parejas como un hecho normal, sin ser conscientes que en realidad se trata de un delito

Por Patricia Badajoz  |  23 Octubre 2019

Las redes sociales no son en sí buenas o malas, sino simplemente un instrumento de quien las usa. Solo así se explica un problema actual que sufren, en su mayoría los jóvenes, hoy en día: el ciberacoso. Este término, con el que tristemente cada vez estamos más familiarizados, se considera un delito en el código penal donde el acosador puede ser sentenciado hasta con dos años de cárcel.

Se considera acoso en la web cuando los mensajes atentan contra la integridad física, moral o la reputación de aquellos a quien va dirigido el mensaje de forma reiterada y grave, sea el autor un perfil anónimo o no. Dentro de esto encontramos con otras tres subcategorías: el ciberacoso se tiene que dar entre personas adultas, el ciberacoso sexual se produce cuando tiene una finalidad sexual, y el ciberbullying cuando el acoso se da entre menores.

El control de la pareja a través del teléfono, una práctica extendida y muy normalizada

¿Por qué esta clase sobre legalidad y redes? Porque, si bien la mayoría de los jóvenes tenemos muy claro los peligros del ciberacoso, no sucede lo mismo con el control de las parejas en redes sociales, algo que hemos llegado a normalizar con una rapidez que asusta. Según fuentes del Observatorio contra la Violencia Doméstica y de Género, los más jóvenes ven como una prueba de amor que su pareja les mire el móvil. Pero no, no es amor, sino Violencia de Género Digital, catalogado así por el Ministerio de Sanidad, que, por cierto, ha creado una lista con 10 posibles situaciones en las que puede cometerse este hecho:

El control del móvil no se puede considerar parte de una relación sana.
El control del móvil no se puede considerar parte de una relación sana. Shutterstock

  • Acoso o control de la pareja a través del móvil.
  • Interferir en raciones con terceras personas a través de internet.
  • Espiar el móvil de tu pareja.
  • Control de las fotos que publica en las redes sociales.
  • Control de acciones de tu pareja en redes sociales.
  • Control a través de la geolocalización.
  • Obligar al envío de imágenes íntimas.
  • Obligar a compartir claves personales.
  • Obligar a que tu pareja te muestre el chat con otra persona.
  • Mostrar enfado por no conseguir de manera inmediata una respuesta online.

Muchas de estas situaciones pueden parecer descabelladas, pero forman parte del día a día de muchas parejas, bajo lemas ya establecidos como "si no me lo enseñas es porque me escondes algo" o "si me respetases no subirías esa foto". Él o ella puede subir lo que le dé la gana, y no tiene por qué mostrarte el móvil bajo ningún concepto. Un estudio realizado en 2016 en una muestra de 1.000 personas (hombres y mujeres), por la asociación Stop Violencia de Género Digital reflejaba unos resultados bastante preocupantes, en los cuales un 51,56% de mujeres y un 48,44% de hombres aseguran haber sufrido una situación de este tipo.

Un problema lejos de tener solución

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Y, por mucho que se intente concienciar, el problema está más que vigente entre millennials y generación Z, especialmente. Y no solo eso, sino que parece un mal escondido al que no se le da la importancia que requiere. Mientras, la bola aumenta, y este indicio de relación tóxica se sigue expandiendo hasta puntos verdaderamente preocupantes.

Por ejemplo, existen aplicaciones que permiten controlar a tu pareja mediante su teléfono móvil. Estas aplicaciones se instalan en el dispositivo de la persona y no dejan ningún rastro visible aparentemente. Sin embargo, una vez instalada, se controlan las llamadas y los mensajes, e incluso la ubicación de la otra persona.

Hay app que te permiten conocer la ubicación de la otra persona.
Hay app que te permiten conocer la ubicación de la otra persona. Shutterstock

Esto es consecuencia de dos factores: el primero, la falta de educación en la que nos dejen claro que estas prácticas ni son sanas ni son normales, y lo segundo, el miedo de no saber cómo enfrentarlas y dónde acudir.

¿Cómo solucionarlo?

El primer paso que debes intentar es ponerle freno por tu cuenta. Marcar el límite, dejar claro que ya se acabó el tener este tipo de relación. Si persiste, es hora de buscar ayuda fuera o cortar los lazos que te unen a esa persona, porque no te está haciendo ningún bien. Lo más importante en todos estos casos es no dar por normal cosas que no lo son, y aprender a respetar su intimidad y la nuestra.

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