Boy Scouts: el último bastión estadounidense en peligro por la pederastia

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Las múltiples demandas por abusos sexuales podrían provocar la quiebra de los Boy Scouts

Esta organización podría declararse en bancarrota por las múltiples demandas que han presentado sus miembros por abusos sexuales. Este caso se suma a los de otra institución importante como la Iglesia Católica, inmersa en una crisis de fe y acusaciones por todo el mundo.

Por Guillermo Córdoba  |  17 Enero 2019

"Si Dios se enfada contigo, tú no vas a volver a ver a tus papás. Lo que vas a hacer no se lo puedes contar a nadie. Lo que vas a hacer está bien porque lo quiere Dios", fueron las palabras del cura. Después, abusó sexualmente de ella. Este testimonio corresponde a Dolores, una de las internas que sufrió abusos sexuales en los internados religiosos y del Estado durante el franquismo. Lo recogen los periodistas Montse Armengou y Ricard Belis en su libro 'Los internados del miedo', que reúne las palabras de Dolores y de otras personas víctimas de unos abusos injustificables que todavía no se han hecho justicia.

Como dice el escritor francés Michel de Montaigne, "no hay nada que se recuerde tanto como lo que más quieres olvidar". Esto deben pensar las miles y miles de personas que, en todo el mundo, han sido víctimas de abusos sexuales. De España a Chile pasando por Pensilvania o en la lejana Australia. Allí, el gobierno pidió perdón formalmente a las víctimas que habían sufrido abusos sexuales durante su infancia. Pero aquí, en España, personas como Dolores continúan esperando una llamada más que necesaria.

Si viajamos a Estados Unidos, esta lacra no cesa. Allí nos encontramos con el caso de una de las instituciones más famosas del mundo, la organización juvenil de los Boy Scouts. Fundada en 1910, más de 100 millones de personas han participado en sus programas educativos. Estos promueven, entre otros, la formación del carácter o el liderazgo. El problema surge cuando desde hace más de un lustro, esta organización vive rodeada de escándalos relacionados con la pederastia, además de tener una grave crisis por su deficiente administración financiera y el progresivo descenso en el número de miembros como consecuencia de la pérdida de la confianza de los estadounidenses. En conclusión, el mal estado económico de la entidad ha puesto en riesgo su futuro.

Los escándalos de los Boy Scouts ligados a la pederastia pueden terminar con esta institución.
Los escándalos de los Boy Scouts ligados a la pederastia pueden terminar con esta institución. Shutterstock

En busca de una solución para las víctimas

Según informó el Wall Street Journal, esta organización había planteado la posibilidad de declararse en bancarrota para no hacer frente a las múltiples demandas por abusos sexuales. "Los líderes de los Boy Scouts han contratado a la firma de abogados Sidley Austin para que los asista en una posible declaración de bancarrota bajo el capítulo 11", reveló el diario estadounidense. Esta acción frenaría el litigio y daría la oportunidad a la organización de negociar con las víctimas que han presentado las demandas.

El actual director ejecutivo de los Scouts, Michael Surbaugh, quiso dejar claro que el objetivo de la entidad es continuar a pesar de los múltiples obstáculos. "Estamos trabajando con expertos para estudiar todas las opciones disponibles y asegurar que la programación local y nacional continúe ininterrumpidamente", señaló en un comunicado. Asimismo, el director insistió en "mantener a los niños seguros, apoyados y protegidos" y "compensar justamente a las víctimas que sufrieron abusos". Pero este problema viene de lejos.

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En 2010, un jurado de Oregón (Estados Unidos), condenó a los Boy Scouts a pagar una multa de más de 10 millones de dólares por actuar de manera negligente después de conocer las denuncias de abusos sexuales contra uno de sus dirigentes. Dos años más tarde, 1.200 adultos fueron acusados de cometer abusos sexuales en la organización durante 25 años, en concreto entre 1960 y 1985. Un hecho que evidencia las atrocidades cometidas por el que hasta hace poco era uno de los bastiones sobre los que se sustentaba el estilo de vida estadounidense. Otro de ellos, la Iglesia, ya ha tenido también que afrontar unas acusaciones similares.

Los Boy Scouts quieren continuar vigentes en EEUU, pero las familias han dejado de confiar en el organismo.
Los Boy Scouts quieren continuar vigentes en EEUU, pero las familias han dejado de confiar en el organismo. Shutterstock

Pensilvania, el último escándalo de la Iglesia americana

El patrón, como bien reflejó la galardonada 'Spotlight', siempre era el mismo: abusos y silencio por parte de una institución que trasladaba a los curas de parroquia en parroquia para intentar borrar sus violaciones. En enero de 2002 The Boston Globe publicó en exclusiva los abusos sexuales perpetrados por decenas de sacerdotes en Massachussets, una investigación que les valió el premio Pulitzer.

Lejos de servir como correctivo para terminar de una vez con la pederastia en sectores eclesiásticos, en 2018 salieron a la luz las acusaciones a más de 300 sacerdotes por abusos sexuales en Pensilvania. Lo peor, aunque ya no sorprende, es que El Vaticano tenía constancia de ello desde 1963. Pero, siguiendo esa costumbre instaurada en la Iglesia de no revelar los pecados aunque sean en tu propio seno, nadie fue capaz de poner en conocimiento de la opinión pública esta continua perversión.

Para intentar buscar una solución a este grave problema del que cada día aparecen nuevos casos, el papa ha convocado para febrero un encuentro con los presidentes de todas las conferencias episcopales. Algo que, conociendo los mencionados antecedentes, se antoja una tarea complicada. Sin embargo, hay que valorar la clara voluntad del papa Francisco, ya que ninguno de sus antecesores fue capaz de convocar un encuentro de tales dimensiones en una etapa de crisis para el cristianismo.

Este es el primer e importante paso para destapar las vergüenzas de una institución que ha silenciado durante décadas la pederastia cometida por sus sacerdotes. Dolores y todas las víctimas merecen que se haga justicia. Merecen una llamada, una indemnización, que alguien les pida perdón. Por ello, todas las instituciones deben confirmar con hechos sus promesas y condenar a todos aquellos que cometieron un delito y a los que, por miedo o complacencia, prefirieron no decir ni una palabra.

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